Los 10 fraudes alrededor de WhatsApp que más comprometen la seguridad

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Los hackers se han aprovechado de las vulnerabilidades de la aplicación de mensajería, pero también de usuarios que quieren el servicio gratis, pretenden espiar a sus contactos o conseguir stickers como los de Line.

Los cibercriminales actúan como una especie de cazadores de tendencias malévolos. Allá donde identifican algo que se convierte una moda o una costumbre digital allí están ellos para atacarla.

Cuando los Mac empezaron a popularizarse, decidieron atacarlos, demostrando que hasta el hermético ecosistema de Apple también tenía sus aberturas. Lo mismo ocurrió con la plataforma móvil de Google. Ya sabíamos que los androides no se constipan, pero los hackers nos han enseñado que también cogen virus. 

Los ciberdelincuentes siempre han tenido a los programas más utilizados como sus principales objetivos y lo mismo ha comenzado a ocurrir con las aplicaciones móviles. Y WhatsApp, con 500 millones de usuarios activos mensuales, 700 millones de fotos y más de 100 millones de vídeos compartidos a diario, tiene un gran punto de mira dibujado en la frente.

Si la aplicación ya era fruto de muchos ataques y fraudes trabajando en solitario, la adquisición de Facebook hace unos meses, no ha hecho sino ponerla en un lugar más destacado de la lista negra de los hackers.

Curiosamente, muchos de los fraudes relacionados con la aplicación de mensajería instantánea no se dan dentro de la misma.  En muchos casos, tienen que ver con otras apps o herramientas que están asociadas de alguna manera a WhatsApp: eliminar la última hora de conexión, espiar mensajes de nuestros contactos o incluso saber su ubicación. Todas, promesas, que aluden a la desconfianza, a la paranoia, a la inmoralidad, al no respeto por el otro y que acaban teniendo un alto precio para quienes se las creen.

Fraudes WhatsApp

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Mensajes desde números desconocidos
¿Quién será ese misterioso desconocido que nos escribe por WhatsApp? ¿Qué misterioso regalo nos está enviando? Probablemente uno envenenado en forma de phishing, troyanos o malware. Si dudamos de la identidad del emisor y no tenemos el número en nuestra agenda de contactos, es mejor no abrir nada que nos mande. Aunque nos diga que es una foto de nuestras vacaciones, una imagen que puede avergonzarnos o una instantánea de nuestra pareja retozando con otro/a. ¿O es que abrirías un paquete que no llevara remitente? Siempre queda la opción de echar un vistazo a la imagen de perfil del anónimo para saber si se trata de alguien conocido o un simple fraude.
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