Actividad cerebral, ¿la interfaz de usuario del futuro?

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Navegar por internet sin usar las manos ni la voz. Un grupo de expertos investiga el comportamiento de las neuronas para el manejo de dispositivos tecnológicos.

Una vía de comunicación para personas con parálisis

Millones de neuronas, al comunicarse, producen pensamientos y generan impulsos eléctricos. Los electrodos tienen la capacidad de detectar esas señales y traducirlas en órdenes para un dispositivo electrónico. Hace meses, Cathy Hutchinson, una mujer tetrapléjica que llevaba más de quince años con las extremidades paralizadas pudo mover un brazo robótico y beber café desde una botella gracias a su actividad cerebral.

Trincado considera que “las aplicaciones de los interfaces cerebro-ordenador tienen sentido como alternativa para las personas que no tienen otra posibilidad de interacción con el exterior; es decir, personas severamente paralizadas, ya sea por lesión medular, o por enfermedades como la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) u otros trastornos neurodegenerativos”.

Las limitaciones motoras de algunas personas suponen un estímulo para este tipo de investigaciones. Aunque es posible técnicamente implementar el control de una tableta o un smartphone a través de las señales cerebrales, en opinión de Trincado es más sencillo buscar estrategias diferentes. “Hay otras aplicaciones de los BCIs que me parecen más interesantes. Son las que utilizan la imaginación de movimiento para controlar prótesis robóticas o sillas de ruedas”, afirma. “En estos casos, no es necesario estar mirando una pantalla para que se generen en el cerebro las señales que queremos detectar. Por tanto, la persona puede controlar su silla de ruedas con el cerebro al tiempo que mirar a su alrededor para decidir hacia dónde se quiere mover”, prosigue.

Los investigadores son conscientes de que al abordar un mercado masivo, asociado a un producto de consumo, podría aumentar la financiación necesaria para avanzar en sus trabajos. Por este motivo, desde hace unos años, se están haciendo esfuerzos para simplificar el sistema de interface y sustituir los incómodos electrodos gorro y gel por diademas con pocos electrodos de rápida instalación.

“Junto con el uso recreativo (manejo de videojuegos, gadgets, etc.) y antes de llegar a la comunicación fluida con el ordenador para realizar cualquier tipo de funciones, hay otro tipo de aplicaciones: los sistemas de entrenamiento mental por “neurorealimentación” (o biofeedback) que permiten entrenar nuestro grado de concentración, o estado mental general, en base a la toma de consciencia de cuál es éste”, asegura Barrientos.

La tecnología BCI se lleva investigando desde hace unos 20 años. En los últimos 5, su aplicación en fines lúdicos o de mayor consumo la está haciendo más popular. El número de investigadores interesados en estos sistemas está aumentando, al igual que los niveles de financiación. Para el profesor de la Universidad Politécnica de Madrid “es razonable pensar que los avances en un futuro cercano serán notables”.

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