Age of Empires III

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Pleno siglo XVI y el continente americano por conquistar es lo que nos propone Age of Empires III para ejercitar nuestros conocimientos estratégicos.

Casi sin darnos cuenta han pasado ocho años desde el primer Age of Empires. Y como el tiempo siempre corre hacía delante, después de revisitar la Edad Antigua al inicio de la saga y de pasearnos por la Edad Media en su secuela, tocaba ya el Renacimiento y la Era de los Descubrimientos. Pleno siglo XVI y el continente americano por conquistar es lo que nos propone AoE III para ejercitar nuestros conocimientos estratégicos. El juego es tan clásico que queda claro que no se ha querido introducir novedades revolucionarias para no defraudar a su legión de seguidores. Sencillamente hay que acumular recursos, construir rápido y mandar nuestras tropas a estrellarse contra los muros de los bastiones enemigos.

Las dos únicas modificaciones importantes son la posibilidad de construir puestos comerciales cerca de los asentamientos de las tribus indígenas americanas y el acceso a nuestra metrópoli durante la partida para demandar recursos adicionales y alguna ventaja especial.

Con los puestos comerciales se ha conseguido aumentar la profundidad estratégica, ya que nos veremos obligados a defenderlos y a conquistar los de los enemigos (a más puntos del mapa a tener en cuenta, mayores quebraderos de cabeza para el mando).

Por otra parte, con la nueva pantalla de la metrópoli también se ha buscado incrementar las posibilidades de acción y decisión. Conseguiremos determinadas mejoras y recursos extra subiendo nuestra experiencia, pero tendremos que decidir qué «cartas» queremos jugar de las numerosas disponibles (económicas, militares, tecnológicas, etc.); un procedimiento estratégico que ya había sido experimentado en Rise of Nations (también de Microsoft así que «todo queda en casa»). Por último, AoE III también nos brinda la posibilidad de adornar nuestra capital con tragafuegos, malabaristas, puestos de comida, banderas… pero más como puro ejercicio estético que otra cosa.

Metidos en faena, en AoE III vamos a encontrar unos gráficos en 3D que permiten ver como los edificios se desmoronan poco a poco a fuerza de los cañonazos que les asestamos. Lástima que la cámara no se pueda girar, a pesar de haber en el menú una opción que, en teoría, debería permitirlo. En fin, habrá que conformarse con seguir viendo el mundo en perspectiva isométrica; eso sí, con un modesto zoom que nos permitirá acercarnos y disfrutar de las logradísimas animaciones de nuestras unidades, sin duda lo mejor del juego en la parte gráfica. Un ejemplo: los barcos recogen las velas cuando echan el ancla y el revuelo de partículas, humo, trozos de madera y jirones de tela que se aprecian al ser atacados nos dan una idea del infierno que estará sufriendo su dotación de marineros. Detalles aparte, visualmente el juego no sorprende demasiado, menos que la anterior entrega de la serie, el monumental AoE II.

Otros problemas menores que encontramos serían la confusión que se genera en las batallas cuando son multitudinarias, la limitación de unidades por grupo o una IA algo justa. No obstante, ya sea en su modo on-line, en su bien diseñada campaña para un jugador o en el modo Escaramuza, Age of Empires III se disfruta y mucho. Claro que, viniendo de tan ilustres padres, hubiese cabido esperar algo más del nuevo heredero.

Alfredo del Barrio Jiménez

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