Cómo evitar que la fatiga te gane el primer año de tu startup

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Creer que hay que dar el 200% todo el tiempo puede acabar con la salud física y mental del emprendedor.

Lo leerás en todas partes: lanzar una startup requiere que des el 200%, que apartes el resto de tu vida durante un tiempo y solo vivas para ella, que tu cabeza nunca piense en otra cosa. Estos consejos estarían muy bien si no fuera porque, a no ser que seas alguien con una fuerza de voluntad y salud física y mental de otro mundo, pueden acabar contigo.

Trabajar mucho, dormir poco, y no pensar nunca en nada que no sea tu startup hará que acabes exhausto, posiblemente quemado antes de tiempo y quizás incluso deprimido. El tema de la depresión entre emprendedores es todavía algo tabú (admitir que existe es como admitir el fracaso, no haber sido capaz de dar ese 200%), pero más que real. ¿Cómo evitar que ese cansancio te gane la partida el primer año de startup? Te damos algunos consejos:

  1. Sal al exterior. Esto tiene dos objetivos: que te levantes de la silla y hagas que tu cuerpo se mueva un poco y que te dé el sol. Si puedes, aprovecha para dar un paseo o incluso salir a correr un rato, ya que una de las mejores formas de despejar la mente y conseguir estar más fuerte es hacer ejercicio. El sol, además, es uno de los mejores antidepresivos que existen, así que asegúrate de que te da el aire un mínimo de 20 minutos diarios.
  2. Desconecta de verdad. Todos los días. Una de las peores consecuencias del avance de la tecnología es la conectividad constante y esa especie de sensación de que debemos estar disponibles las 24 horas, todos los días de la semana. El cerebro necesita desconectar de vez en cuando y los beneficios son mucho mayores que las posibilidades de que justo recibas la llamada única que cambiará tu vida en esos minutos. Aunque la recibieras: volverás al trabajo con el cerebro lleno de buenas ideas y con mucha más capacidad para rendir, así que ni importará.
  3. Rompe rutinas. ¿Quién dijo que tengas que trabajar siempre en esa mesa o que las reuniones deban ser siempre en la misma sala? Intenta romper tus rutinas de vez en cuando (no se trata de pasarse al caos) para ver las cosas desde otra perspectiva. Cambiar de lugar de trabajo de vez en cuando, salir a comer todos a un sitio distinto, etc.
  4. Di “no”. Difícil, ¿verdad? En ese primer año en el que todo el peso parece recaer sobre lo que hagas o dejes de hacer, decir que no a cualquier cosa es como cerrar una puerta, dejar de tomar un cambio que nunca sabrás si te llevará al éxito. Pero decir que sí a todo hará que la lista de cosas por hacer crezca y que tu cansancio sea cada vez más agudo. Analiza bien pros y contras y, si la parte positiva no está clara y el trabajo añadido va a ser mucho, di que no y céntrate en lo que ya estabas haciendo.
  5. Delega. Tienes un equipo: ¡confía en ellos! Hay muchas tareas que no tienes por qué hacer tú, y otras tantas que podríais incluso externalizar. Se trata simplemente de priorizar y ser consciente de que no es necesario ser siempre el que esté detrás de todo.
  6. Ponte límites. Los límites sirven para esos momentos en los que estás tan hasta arriba y estresado que no eres capaz de ver las cosas claras. Deben ser claros y debes cumplirlos de forma estricta: nunca trabajar más de x horas seguidas, un día de descanso y desconexión por cada x días de trabajo, etc. Debes tener claro que estos límites son obligatorios y que, por muy estresado que estés y por mucho que creas que ese tiempo libre será perdido, acabarán siendo positivos para tu negocio.
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