Cuando las banderas encierran mensajes sobre el propio país

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Una bandera es un símbolo que recoge una identidad común. Puede ser de un país, de un equipo de fútbol, de un partido político o de cualquier colectivo o idea bajo la que se identifiquen varios individuos. Pero si decidimos agrupar bajo los colores de la enseña nacional los tópicos típicos sobre algunos países podemos terminar con un resultado tan curioso y revelador como el de esta serie de banderas reimaginadas a través de las palabras que en cierta moda pueden describir lugares comunes aceptados sobre algunos países. Te ofrecemos a continuación una decena de ejemplos gráficos.

La serie de fotografías forma parte de un proyecto artístico.

Kyril Zaytsev ha creado bajo el título “Flagsters: letras nacionales y estereotipos” una serie de fotografías que muestran un paisaje o monumento fácilmente identificable al que se le superponen unas letras que con su color recuerdan la bandera nacional correspondiente. Para terminar de completar el conjunto dichas letras forman palabras que recogen lo que muchos reconoceremos como elementos que identifican ese país.

Si en el caso de la bandera de los Estados Unidos de América podemos reconocer las menciones al orgullo, Hollywood, las animadoras, los vaqueros o la ciudad de Nueva York, otras como la de Brasil nos remite al sol, el carnaval o el fútbol. Todo ello con los colores apropiados para reconocer en un caso las barras y estrellas, en el otro el orbe austral sobre fondos cariocas.

En el caso alemán se nos habla de coches, porno y cerveza.  Mucho más suculenta y lujosa la bandera italiana con pizza y pasta o marcas como Gucci y Prada o la inevitable mención a la Vespa.

En Japón no podíamos sino encontrarnos con un cuerpo tatuado de los pies a la cabeza (de cuello a tobillos, en realidad) estilo yakuza mientras que las palabras en la “bandera” nos hablan de geishas, sushi, samurais, sake y anime.

Mucha menos variedad terminológica y conceptual aunque sin perder la fidelidad encontramos en el caso de Jordania, donde al parecer sólo hay desierto, desierto y más desierto.

Fiordos, salmón y vikingos es el legado a la cultura popular sobre lo que puede depararnos Noruega.

En Rusia tenemos una estepa helada como fondo a sus identificables osos, vodka, matroshkas (esas muñecas rusas que van encerradas dentro de otras más grandes) y como guiño a los acontecimientos recientes una mención a las Pussy Riot, que no dejan de ser también muñecas encerradas.

En Suecia pueden estar contentos de pasar al acerbo cultural por sus albóndigas, por albergar a The Pirate Bay y especialmente por Ikea y por sus chicas. Aquí creo que muchos estamos escuchando mentalmente la inconfundible voz del gran José Luís López Vázquez diciendo aquello de “¡las suecas, las suecas!”.

Chocolate, relojes, navajas, bancos y los Alpes, con su bandera roja con la cruz blanca en medio identifican a la neutral Suiza.

Y estirando el formato hasta sus límites se encuentra la Union Jack del Reino Unido donde el Támesis, los autobuses, el himno nacional, la propia bandera o Radiohead se erigen en emblemas nacionales mientras se nos pide que mantengamos la calma.

Poco han tardado en aparecer inspiradas recreaciones de este estilo, como es el ejemplo de un país fácilmente identificable por los colores de su bandera a través de las letras que la componen, pero mucho más con solo leer las palabras que la forman:

Tequila, tacos, Acapulco, Cancún, fiestas… cielito lindo… ¡Viva México! ─[Behance]

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