De cómo Google hizo que la realidad virtual dejase de ser una simple promesa

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Google Cardboard puede conseguir superar el que hasta ahora era el mayor obstáculo: que cualquiera pueda probar la realidad virtual.

La realidad virtual no es nada nuevo. Llevamos muchos años oyendo hablar de ella, mucho antes de que se hablara de cosas que hoy son normales, como las redes sociales o los smartphones. La realidad virtual siempre estuvo ahí como la eterna promesa, como ese futuro a la vuelta de la esquina en el que de pronto todos tendríamos un casco o gafas en casa. Según datos de Google, en 2004 se buscaba “virtual reality” más que ahora. En libros, los datos de Google books dicen que en los años 80 ya se empezó a hablar del tema. Pero ¿y si 2015 fuese el año en el que de verdad sí?

Las señales son muchas, pero podrían reducirse en un sencillo hecho: todas las grandes tecnológicas han puesto la realidad virtual en su lista de prioridades para un futuro cercano. Facebook con la compra de Oculus Rift hace ya más de un año, Samsung con sus gafas Gear VR, Apple con patentes y ofertas de trabajo que apuntan a que también les interesa el tema y, por supuesto, Google, que parece haber cambiado sus Glass por su curioso casco de cartón para realidad virtual, Cardboard.

Vimos Google Cardboard por primera vez el año pasado en la conferencia I/O, cuando la compañía entregó una a cada participante, como regalo. No se habló mucho del tema y quedó más en anécdota, pero este jueves, durante la conferencia de este año, Google Cardboard reapareció y quedó claro que van en serio. La idea, además, podría dar el empujón definitivo que la realidad virtual necesita para convertirse en algo de masas.

¿Qué tiene de especial Google Cardboard que no tienen ni Oculus Rift, ni ningún otro casco de de realidad virtual del mercado? Su sencillez y precio: al estar hecho de cartón, cuesta solo 4 dólares. Y es que en realidad, como tantos de estos dispositivos, se trata simplemente de un soporte para el smartphone, que es donde se mostrarán las imágenes. Además, ni siquiera hay que comprarse el casco: Google publicó ya el año pasado las especificaciones de Cardboard, de forma que sea también fácil hacerse uno en casa.

El objetivo está en el software

La razón detrás de Cardboard está clara: lo que quiere Google es quedarse con el mercado importante, el del software. El artilugio que los usuarios decidan llevar en la cabeza para ponerse el smartphone justo delante de los ojos les es indiferente, siempre y cuando sea la app Cardboard la que abran cuando quieran probar qué es eso de la realidad virtual. Y ahora que hay aplicación también para iOS, casi cualquier persona que tenga un smartphone (incluso si es de 6 pulgadas, ya que ahora cabe también en el nuevo casco) puede probarlo.

La importancia de Cardboard está precisamente ahí, en hacer que la realidad virtual sea de pronto accesible para cualquiera. Uno de los grandes obstáculos con los que se había topado la tecnología hasta ahora era el de la dificultad de convencer a los usuarios de que se trataba de algo en lo que valía la pena invertir, algo que si probaban les iba a gustar. Pero pagar los 350 dólares que cuesta el kit de desarrollo de Oculus Rift solo “para probar” no era demasiado atractivo.

Por supuesto, como apuntan en Wired, la experiencia que ofrece Google Cardboard está a años luz de lo que se ve con Oculus o Vive de HTC, pero también consigue su objetivo principal: transportar al usuario a una montaña rusa, a un concierto de Paul McCartney, a donde diga la app que tienes que viajar. Aunque la resolución no sea la mejor y todavía tenga muchos fallos, sí se logra la inmersión, se logra ese poder saber qué es la realidad virtual.

Por primera vez en mucho tiempo parece que ese futuro de realidad virtual está de verdad cerca. Tan cerca que podríamos hasta construirnos un soporte rápidamente y probarla en solo unas horas. ¿Será esta prueba suficiente para convencer a los usuarios?

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