El enfriador de melones [Veredicto: mil y un usos]

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¿Recuerdas “No te rías que es peor“?

Aquel programa de humor bajo la excusa de un concurso nos legó momentos memorables de mano de personajes como el señor Barragán, Pedro Reyes, Marianico el Corto… Uno de los momentos culminantes era la parte en la que el público aportaba un objeto cotidiano y el reto consistía en averiguar qué utilidad se le podía dar a dicho objeto.

Hoy algunos pagarían una buena parte de su paga extra de verano para escuchar las posibles utilidades del invento que podéis ver en la foto: un enfriador de melones. Portátil. ¿Deseas saber más?

Está claro que el inventor ha pensado en una forma de transportar a casa un melón de agua (o sandía) sin que la elevada temperatura del estío haga mella en las refrescantes propiedades de tan suculento manjar. Un pequeño transportín con sus ruedecicas y su sistema de refrigeración hace que el melón llegue fresquito a casa. En principio, y como se decía también en otro célebre concurso televisivo, “hasta ahí puedo leer“.

El problema llega cuando ponemos a trabajar la imaginación, ya de por sí calenturienta, y en estos días de verano pues para qué contarte. Porque este enfriador de melones portátil también puede servir para llevártelo de excursión sin tener que cargar en brazos o en la mochila su peso, habitualmente notable. Llegado el caso, si llegas a tomarle cariño al melón incluso puedes utilizar el enfriador portátil para sacarlo a pasear, que también tiene derecho a conocer mundo.

Y si hablamos de sacarlo a pasear ¿porque no usarlo para que nuestro bebé vaya por la calle fresquito? Además la cúpula de plástico le protegerá de alguna ocasional deyección de algún ave. El pequeño llegaría fresco y contento a su destino y a nosotros nos entraría una sana envidia. ¿Quién no probaría a sentarse sobre este interesante aparato para sentir sus posaderas refrescadas tras un largo viaje en coche?

El verano produce estas curiosas necesidades, pero también podemos habilitarlo para usos ligeramente diferentes de los originales, es decir, cambiemos melón por botes de cerveza y un paseo bajo el plomo derretido que estos días cae en nuestras calles puede dejar de ser un suplicio si nuestro carrito autorefrigerado lleva en su interior unos refrescantes botes de rubia espumosa. Es como salir a pasear con tu mejor amigo pero sin tener que darle conversación.

Y las autoridades sanitarias podrían usarlo para acarrear esta sustancia paliadora de los acaloramientos callejeros. Si en las estaciones invernales hay un perro sanbernardo con un barrilico de coñac bajo el cuello, presto para acudir a socorrer al esquiador extraviado o atrapado por la traicionera nevada ¿para cuando un ejército de porteadores urbanos de enfriadores portátiles de melones?

─Antonio Rentero [Joybond]

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