El equipo de exploración submarina de Jezz Bezos (Amazon) localiza los cohetes del Apolo 11

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No va a ser James Cameron el único en fardar de logros subacuáticos. Jeff Bezos, fundador de Amazon, puede presumir de haber encontrado algunos de los elementos imprescindibles para que el hombre llegase a la Luna: los cohetes que impulsaron a la misión Apolo 11 fuera de nuestro planeta. Como en la canción, estaban en el fondo del mar, pero ni allí consiguieron escapar, 42 años después, a la escrutadora mirada del equipo de exploración de Bezos.

Podríamos decir que tras el gran éxito en los últimos años de Amazon y en los últimos meses de los nuevos dispositivos Kindle Bezos se ha venido arriba, pero figuradamente porque lo que ha hecho es justo lo contrario, bajar muy profundo.

No tanto como James Cameron, que tras su exitoso periplo por la Fosa de las Marianas ha dotado de un nuevo significado a la frase “tocar fondo”, pero es que algo tiene el lecho marino que despierta la fascinación de los potentados.

En este caso se trata de un equipo de exploradores submarinos financiados por el acaudalado dueño de Amazon. El 16 de julio de 1969 cinco cohetes F1 empujaron con fuerza hacia el cielo al cohete Apolo XI que tres días más tarde se convertiría en el primer vehículo con tripulantes humanos en aterrizar en la Luna. Que, por cierto, se dice aterrizar y no alunizar porque se trata de tomar tierra, no de llegar a un planeta con tal o cual nombre y por eso no se dice avenusizar o aplutonar.

Esa efímera primera fase tenía como misión hacer despegar (no desaterrizar, por seguir con la lección de astrolenguaje) la nave pero tras el potente impulso inicial quedaba vacía de combustible y se desacoplaba del conjunto para caer al océano.

La cuestión es que más de cuatro décadas después de aquel histórico hito había unos protagonistas del acontecimiento que permanecían olvidados bajos las aguas: los cohetes. Ahora el equipo de Bezos los ha localizado gracias a un avanzado sistema de sonar.

Ahora cien cuando la matan: tras más de 40 años a unos 500 metros de profundidad en agua salada es más que probable que los cohetes no estén en las mejores condiciones deseables. Por no hablar de la odisea que constituirá sacarlos de allí para llevarlos a un museo. Pero seguro que terminan haciéndolo, ya os lo contaremos. ─[Bezos Expeditions vía Scientific American]

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