El mapa oscuro de la red

CloudRegulación

Reducir la velocidad de conexión, espiar las pantallas o prohibir el acceso son algunos de los filtros que algunos países aplican a Internet.

El uso de Internet aumenta de forma constante en todo el planeta para ofrecer todo tipo de información a un número de personas cada vez mayor. Sin embargo, al mismo tiempo algunos países incrementan la censura para limitar dicho acceso a sus ciudadanos.

El último Informe Anual de Libertad de Prensa (2009) elaborado por Reporteros sin Fronteras hace mención al preocupante ascenso de las restricciones cibernéticas en el planeta (un total de 25 países ejercen una gran represión en la Red). El país con las cifras más “impresionantes” es China, que “cuenta con la mayor censura en Internet del mundo”. En el último año, se unieron a ésta países como Irán, Tailandia, Túnez, Arabia Saudí, Vietnam y Uzbekistán.

La técnica más común de censura se basa en leyes que prohíben utilizar determinados términos. Si en China se escribe en un buscador la palabra `democracia´ o `derechos humanos´ se va a parar a la agencia oficial de noticias china, Xinhua. Para este fin también son muy populares los filtros en los servidores de los ISP. El más conocido es SmartFilter, fabricado por la compañía estadounidense Secure Computing. Tanto la organización OpenNet como RsF denuncian la colaboración de empresas occidentales en la aplicación de este método.

A pesar de todo, algunos relativizan la eficacia de la censura. Argumentan que es como ponerle vallas al bosque: “lo bueno en Internet es que cuando se cierra una puerta, siempre hay alguien dispuesto a abrir otra”, explica Jiménez Claudín, ex secretario general de RsF.

En China el Gobierno invierte en innovaciones tecnológicas más efectivas para evitar el acceso a las páginas que considera peligrosas para los intereses del país. Su celo censor llega hasta el punto de obligar a los grandes portales de la red, como Yahoo o Google, a autocensurar su contenido e, incluso, suministrar información sobre los usuarios que el Gobierno chino considera como disidentes. Peticiones a las que estas empresas han accedido.

Por si fuera poco, desde hace un par de años el espacio cibernético chino alberga una vigilancia especial con l a presencia de dos policías virtuales, que recorren la red para detectar los contenidos que consideren nocivos para los cinco millones y medio de internautas chinos (apenas el 0,4% de la población): pornografía, secesión, superstición, apuestas… cualquier uso considerado como “malicioso” por las autoridades.

Los iconos de los agentes, un hombre y una mujer, aparecen en moto, en coche o a pie, en la parte inferior de las pantallas de las computadoras cada 30 minutos, cuando los usuarios ingresan a los principales sitios. Al clickear en las imágenes, los internautas se conectarán directamente con la página web de la policía, donde podrán informar sobre cualquier acto ilícito.

Uno de los métodos más socorridos en el país asiático para saltarse las leyes consiste en abrir cuentas de correo en países extranjeros. Al igual que en China, otros países comunistas centrados en la defensa de sus intereses políticos como Corea del Norte, donde sólo algunos funcionarios tiene acceso a la red, o Cuba también practican la censura en la red de forma habitual.

Para conseguir la credencial obligatoria que da acceso a un ordenador conectado, los cubanos tienen que dar una “razón válida” y firmar un contrato de uso, con cláusulas restrictivas. Según el Decreto Ley 209, el acceso se concede “en virtud de reglamentos que dan prioridad a las entidades e instituciones que pueden contribuir a la vida y el desarrollo de la nación”. Con menos de dos internautas por cada 100 habitantes, Cuba figura entre los países más atrasados en materia de Internet. Es de lejos el más desfavorecido de Latinoamérica –Costa Rica es 13 veces mejor– y se sitúa al nivel de Uganda o de Sri Lanka.

Los países censores utilizan diferentes métodos para frenar a los ciberdisidentes. En Irán, el Gobierno disminuye la velocidad en la Red, que no puede exceder los 128kb/s. En este país hay 10 millones de sitios web declarados “inmorales”. YouTube y la web del New York Times están vetados a los lectores iraníes. En Birmania, se vigilan los cibercafés a través de la captura automática de pantallas cada cinco minutos. En momentos puntuales se ha bloqueado el acceso al programa de chat de Google.

En lugares como Egipto, Túnez o Yemen se identifica a los usuarios de los cibercafés y se guardan sus entradas en la Red. Esta información que queda a disposición de las autoridades durante un tiempo.

Otros Gobiernos prefieren aplicar filtros sobre aspectos culturales y religiosos, sobre todo en los países donde el Islam tiene gran protagonismo. En Arabia Saudí las autoridades han bloqueado de forma oficial cerca de 400.000 páginas web. Una censura para “preservar a los ciudadanos de contenidos que ofendan o violen los principios de la religión islámica y las normas sociales”.

La lista negra de la red cegada va desde los sitios de organizaciones políticas a los de movimientos islamistas no reconocidos, pasando por cualquier publicación que toque, de cerca o de lejos, la sexualidad. Las mujeres saudíes, cerca de dos tercios de los internautas del país, sólo tienen acceso a una red expurgada de cualquier referencia a sus derechos, su salud o su intimidad. No corren mejor suerte países como Siria, Libia, Egipto o Túnez, donde los blogueros disidentes son detenidos y declarados en busca y captura.

En ocasiones los filtros obedecen a situaciones puntuales de conflicto. Israel ha utilizado la censura en las informaciones que hacían referencia a su enfrentamiento con los palestinos y Corea del Sur bloquea toda la información que hace referencia a su país vecino Corea del Norte. En estos casos, los censores no siempre se limita a bloquear direcciones IP (las matrículas de los ordenadores que entran en la red) sino que pueden llegar a situaciones inverosímiles.

En una provincia argentina situada en Tierra del Fuego cortaron la red de fibra óptica con motosierra después de que se colgara en Youtube un video que comprometía al gobernador y candidato a la reelección. Toda la provincia se quedó por unos días sin acceso a la red.

Por desgracia la censura es cada vez algo menos exclusivo de los lugares con regímenes políticos y afecta cada vez más a las democracias occidentales. Uno de los países que más da la nota en este sentido es Australia. El Gobierno australiano publicó el año pasado una “lista negra” con 2.400 páginas vetadas por el Ejecutivo, en las que aparecen algunas de contenido criminal y pornografía, pero entre las que también figuraban operadores turísticos y hasta un dentista. Turquía tampoco se queda atrás e incluye restricciones en Youtube cuando aparecen críticas contra el presidente.

Otro de los puntos conflictivos es el de la piratería. Francia aplica restricciones para la descarga gratuita de archivos en la red (ya hay una ley para cortar internet a los reincidentes) y España va por el mismo camino.

Mercedes Arancibia, miembro de la junta directiva de RsF, advierte de que aunque la censura en los países democráticos no afecte al 99% de la población, porque se aplica sobre todo contra el terrorismo y pornografía infantil, con el mismo sistema “pueden acceder en un momento dado a todos nuestros datos si les apetece”.

A pesar del incremento de la censura en diferentes lugares del mundo, cada vez hay más gente empeñada en ponérselo difícil. “WikiLeaks”, una página web capaz de superar los filtros, aglutina las voces críticas en los países autoritarios. Para ello publica informes anónimos y documentos filtrados con contenido sensible en materia religiosa, corporativa o gubernamental, preservando el anonimato de sus contribuidores. Ha sido elaborada por ciberdisidentes chinos, matemáticos y técnicos informáticos procedentes de Estados Unidos, Taiwán, Europa, Australia y Sudáfrica. Esto demuestra que, a pesar de todo, siempre surgen nuevos caminos o técnicas para conseguir la libertad de información.

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