El primer prototipo de riñón artificial implantable

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Esto que veis aquí arriba no se trata del picnic que Caperucita se enganchó del brazo para llevárselo a su abuelita. Tampoco es un cartucho de tinta de impresora (más conocida como sangre de unicornio).
Es algo mucho más sofisticado y experimental: según los científicos responsables, consiste en el primer riñón artificial implantable en el interior del cuerpo humano. Toma ya. Además, eso no es todo, porque el cacharrete funcionaría en parte gracias a tu propia sangre, sin bombas. El invento podría llegar a sustituir definitivamente los transplantes de riñón y las diálisis. Detalles tras el renal salto.

Este importante paso médico reposa sobre los hombros de un equipo multi-institucional, formado por 10 equipos de investigación y liderados por el profesor Shuvo Roy, de la Univesidad de California-San Francisco, ex-integrante de la Clínica Cleveland.

Ellos son los que han presentado el aparato. Se ha probado una versión del tamaño de una habitación con éxito en los pacientes más enfermos. Con el proceso de fabricación adecuado, se pretende reducir su volumen hasta el punto en que sea implantable, adquiriendo el dispositivo así un tamaño de únicamente una taza de café.

Básicamente, consiste en dos cartuchos: por un lado, miles de nanofiltros situados en un “BioCartucho”, el cual elimina las toxinas de la sangre. Por otro lado, el “HemoCartucho”, un biorreactor hecho de pequeñas celdas tubulares que imitarán las funciones metabólicas y equilibradoras del agua. El sistema utilizará la presión arterial del paciente para llevar a cabo la filtración, sin necesidad de bombas adicionales.

Todo ello se está consiguiendo gracias a los avances en nanotecnología y regeneración de tejidos. Hasta ahora, la solución pasaba por la diálisis o por el transplante. Si se consigue reducir, llegará a cambiar la vida de millones de personas en todo el mundo, bajando además los costes médicos.

Para cualquier información adicional, puedes consultar con la UCSF. La verdad es que cada vez somos más cyborg, entre extremidades, corazones y ahora riñones. Pero qué más da, uno mismo está en su cerebro, ¿no? — Javier G. Pereda [ScienceDaily]

Autor: Javiergp
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