El Voyager-1 se convierte en el primer artefacto en adentrarse en el espacio interestelar

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En la película “Star Trek” dirigida en 1979 por Robert Wise la humanidad se enfrentaba al peligro de una amenaza proveniente del espacio exterior dirigida por un tal “Veger”, muy empeñado en conocer al Creador y que finalmente resultó no ser más que el bueno y viejo Voyager que tras tantos siglos de peregrinaje estelar había desarrollado inteligencia propia, algo de mala leche y un buen grado de despiste y desmemoria, una combinación más que peligrosa. La Ciencia-Ficción es imaginativa pero la realidad da pistas a las mentes fantasiosas. En estos días el Voyager-1, la sonda espacial lanzada por la NASA en 1977 está abandonando nuestro sistema solar, adentrándose en las profundidades interestelares.

La heliopausa es la zona del espacio donde el viento solar comienza a entremezclarse con el viento procedente de otras estrellas. En la práctica se considera como el límite, la frontera de nuestro sistema solar. Y justo en esa zona, a unos 18.000 millones de kilómetros de la Tierra, es donde se encuentra ahora el Voyager-1, el objeto construido por el hombre más lejano.


Desde allí envía señales que indican que está detectando picos de radiación de rayos cósmicos correspondientes a lugares externos a la influencia del viento solar de nuestro Sol. Un buen momento para recordar los sonidos que podrán escuchar los alienígenas que algún día se encuentren con nuestro emisario o para tratar de imaginar la inmensa soledad del testigo más solitario de que en un rincón del Universo existe la Tierra que algún día puede hacer buena la canción “A 2.000 años luz de casa” de los Rolling Stones. ─[The Daily Mail]

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