En Osaka convierten las cabinas telefónicas en peceras gigantes

Empresas

Ya han desaparecido casi por completo del decorado urbano. Las cabinas telefónicas pertenecen a un pasado en el que Superman necesitaba algún sitio donde cambiarse la ropa con cierta intimidad, pero en la localidad japonesa de Osaka un colectivo artístico ha encontrado una interesante función para las cabinas telefónicas: servir de acuario. Una curiosa y divertida forma de otorgar un nuevo uso a una parte ya obsoleta y en desuso de la tecnología.

Es de imaginar que antes de instalar una de estas cabinas-pecera el colectivo artístico Kingyobu se habrá cerciorado debidamente de que la puerta no se puede abrir porque si no la cosa termina en tragedia piscícola, así como con un buen remojón a quien trate de acceder pensando que puede llamar por teléfono desde una de las caracolas situadas en el interior como decoración.

Cuando encontramos uno de los cada vez más escasos teléfonos públicos suelen estar situados en soportes abiertos. En unos años habrá mucha gente que jamás haya visto una de estas cabinas telefónicas con sus puertas plegables y casi ni sepa para qué servían, un progreso que podemos achacar al imparable auge de los teléfonos móviles. De hecho ¿cuándo fue la última vez que utilizaste un teléfono público? La ventaja del móvil es que incluso sin tener saldo puedes hacer un llamacuelga.

Los artistas de Kingyobu han optado por dar un uso más decorativo y espectacular a estas viejas cabinas telefónicas instalando un sistema de depuración y oxigenación del agua y dejando caer en el interior un buen montón de litros del líquido elemento así como unos cuantos pececillos para dotar de vida a este ingenioso acuario.

Alguien podía caer en instalar unas cuantas de estas por nuestras calles para así acercarnos a las maravilla del mundo submarino, aunque bien pensado y con la crisis que tenemos encima igual terminaban frecuentadas por pescadores con interés en llevarse algo a la boca. ─[Kingyobu]

Leer la biografía del autor  Ocultar la biografía del autor