Espionaje en la empresa ¿Seguridad o intromisión?

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La contratación de un hacker para investigar a algunos trabajadores de Unilever España ha sacado de nuevo a la palestra el asunto de la privacidad de los empleados en la empresa.

Hace dos semanas, la detención del presidente de la multinacional Unilever en España, Jaime Aguilera, saltaba a las portadas de periódicos y webs. Aguilera estaba entre los 30 detenidos en la segunda fase de la Operación Pitiusa contra la venta ilegal de datos personales. El presidente de Unilever estaba acusado de contratar a un hacker para investigar a algunos de sus trabajadores, ante un problema de fuga de información.

Presuntamente, Unilever ordenó investigar a uno de sus altos directivos en España, Paulo José Fernandes Alves, tras sospechar que Fernandes estaba “comprando favores” de clientes de la multinacional para ganar poder dentro de la empresa.

El de Unilever no es, ni mucho menos, el único caso. A finales del pasado año, el ex responsable de seguridad de Ikea en Francia, Jean-François Paris, fue acusado de dirigir un amplio sistema de espionaje al personal de la empresa. Paris aseguró que la dirección de la empresa no sólo conocía estas prácticas, sino que las “fomentó en gran medida”.

Este problema de investigación del personal por parte de la compañía se agrava cuando el resultado es el despido del empleado. Últimamente, las empresas están utilizando la vía del incumplimiento del trabajador de las políticas y normas de seguridad de la empresa para despedir a empleados cuyo despido improcedente entrañaría una indemnización inasumible para la compañía. En estos casos, para que el despido sea procedente, tiene que existir un incumplimiento grave por parte del trabajador.

La fuga de información y el espionaje industrial son los principales problemas que la deslealtad de un empleado puede causar a su compañía, pero en muchas ocasiones lo que los directivos quieren es simplemente conocer a qué se dedican sus trabajadores en su horario laboral.

Para Javier Maestre, abogado de Bufet Almeida, espiar a los trabajadores no puede considerarse una práctica habitual, aunque con el desarrollo de las nuevas tecnologías hay una mayor incidencia. El control a los empleados existe desde que existen las empresas y, como afirma Maestre, “la empresa que hoy es desleal espiando los emails, ayer era desleal espiando las taquillas”. Pero actualmente la tecnología ofrece medios más sofisticados y más baratos de control.

El desarrollo propio de la tecnología y el abaratamiento de productos enfocados a la vigilancia o incluso al espionaje facilitan la obtención de información sobre los trabajadores. La excusa más habitual es la existencia de errores en el equipo informático: al comprobar el software se puede tener acceso a la intimidad del trabajador.

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