Google abandona su proyecto de barcazas

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Google había vendido su sede flotante de Portland a una naviera en agosto para hacer chatarra. La empresa ha tenido problemas con las autoridades por el riesgo de incendios.

Google no ha podido sacar su proyecto de barcazas a flote. La compañía tecnológica habría abandonado la iniciativa, después de los numerosos problemas legales a los que ha tenido que hacer frente.

The Wall Street Journal muestra unos documentos obtenidos bajo la Ley de Libertad de Información en los que se evidencia que Google tiene su proyecto en suspenso desde hace dos meses. El principal motivo de este parón sería las muestras de preocupación reiteradas por la Guardia Costera de EE.UU acerca de la seguridad contra incendios de estas embarcaciones. Parece que Google no habría sido capaz de responder a estos protocolos de manera satisfactoria.

Los documentos publicados por el diario ponen de manifiesto que la Guardia Costera ya tenía sus reservas respecto a la seguridad de estas barcazas casi desde su aparición. En marzo de 2013, ya hicieron saber a Google el peligro que suponía tener una gran cantidad de combustible en la cubierta principal.

Este verano, los guardacostas americanos también  insistieron en la falta de seguridad contra incendios y en las carencias de las barcazas para la evacuación de personas con discapacidad. Otro aspecto que despertaba la polémica era el aforo de los vehículos flotantes. Google aseguraba que rondaba las 1.200 personas, pero las autoridades indicaban que no debería ser superior a 150.

La construcción de las embarcaciones, con distintos contenedores de transporte apilados formando edificios de cuatro plantas, tampoco habría entusiasmado a estos vigilantes marítimos, quienes se quejaban de que nunca se contó con ellos para su construcción.

En principio había tres barcazas diferentes, amarradas en los puertos de Portland, San Francisco y Maine. En agosto, la primera de ellas fue vendida a una compañía naviera para ser desmontada y convertida en chatarra. Este fue el principio del fin de la aventura acuática de Google, quien barajó usar sus particulares Pinta, Niña y Santamaría como centros de exposiciones interactivos, lugares de celebración de eventos y presentaciones y posibles retailers.

 

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