La poción de la eterna juventud existe

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El cine y la literatura se han ocupado hasta la saciedad de la búsqueda de la pócima o el elixir de la eterna juventud.

En ocasiones refiriéndose de una forma metafórica a ese afán por no envejecer nunca, por vivir para siempre o por conservar la juventud, la belleza y/o la salud, en otras haciéndose eco de mitos como el de la venta del alma (“Fausto”), leyendas como la de las facultades sanadoras del Santo Grial (“Indiana Jones y la última cruzada”) o hipótesis fantacientíficas como la transferencia de mentes a otros cuerpos capaces de suplir nuestras carencias (“Avatar”).

Pero como diría el castizo, las ciencias adelantan que es una barbaridad, y los últimos experimentos realizados en la Universidad de Harvard con la telomerasa y su papel decisivo en la recomposición de las enzimas que forman nuestro ADN demuestran que también los mamíferos se pueden beneficiar de procesos de regeneración y rejuvenecimiento molecular. ¿Deseas saber más?

Hasta ahora se había estudiado el efecto de le telomerasa en cadenas de ADN de otras especies menos complejas, confirmándose su capacidad para añadir secuencias genéticas al final de las estructuras helicoidales del final de los cromosomas, lo que redunda en evitar la degeneración, pudiendo incluso tener un efecto de reversibilidad del envejecimiento.

Los últimos experimentos han tomado como objeto de estudio el efecto en ratones, mamíferos como nosotros y con un organismo similar al nuestro, más allá de los organismos sencillos con los que hasta ahora se habían centrado las pruebas. Aunque es pronto para hablar de aplicación a los humanos el director del proyecto, el investigador de la Universidad de Harvard Ronald A. DePinho explica que han logrado producir en los ratones efectos parecidos a los que buscaba Ponce de León en la Fuente de la Eterna Juventud al producir que la telomerasa evitase la descomposición en los extremos de las cadenas cromosómicas (responsables del envejecimiento celular).

Al principio no sabrían si el efecto de aplicar esos tratamientos podrían ralentizar el deterioro, frenarlo o incluso revertirlo. Su sorpresa fue mayúscula al advertir que los animales rejuvenecían. Uno de los efectos fue que los testículos de los ratones que habían envejecido hasta perder su función reproductiva se habían vuelto a convertir en pequeñas fábricas de espermatozóides ratoniles, claro síntoma de rejuvenecimiento.

Estos ratones no solo vieron como desaparecían sus problemas degenerativos relacionados con la edad sino que además llegaron a vivir más tiempo que los ratones del grupo de control que no recibieron ese tratamiento y que también presentaban los mismos patrones degenerativos.

Ahora sólo falta que la Ciencia sepa tratar adecuadamente estos avances. Podría ser altamente peligroso un futuro lleno de ochenteros con más brío que sus nietos… y con los testículos a tope de producción. ─Antonio Rentero [Harvard]

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