Libertad y censura en Internet, las dos caras de la moneda

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Rik Ferguson, Consultor Senior de Seguridad de Trend Micro, reflexiona en este artículo sobre los últimos acontecimientos relacionados con Wikileaks y el grupo Anonymous.

Los continuos ataques de denegación de servicio sobre los websites de los grandes negocios para apoyar la “Operación Vengar a Assange”, el fundador y máximo responsable de Wikileaks, plantean algunos interrogantes sobre qué es la libertad en Internet.

El colectivo online apodado como “Anonymous”, un grupo de personas perteneciente a diversos foros online, ha creado de forma voluntaria su propia red con el fin de lanzar ataques contra los sitios que han suspendido o han dado por finalizados sus servicios con Wikileaks a raíz de las últimas publicaciones de información y material confidencial.

Las páginas que hasta la fecha se han visto afectadas por ataques de denegación de servicio (DDoS) incluyen a Visa, Mastercard, Paypal, EveryDNS, Sarah Palin y las Autoridades Judiciales Suecas, entre otras. Estos ataques se lanzan desde ordenadores que tienen instalada una aplicación llamada LOIC (Low Orbit Ion Cannon), que lo que consigue hacer es “estresar” o bombardear los servidores víctima y de este modo logra que sus páginas web no sean accesibles. Para coordinar a los voluntarios, se utiliza el chat por internet, que permite al creador informar del siguiente objetivo al que atacar. Este tipo de técnicas maliciosas consigue que los cibercriminales que crearon la red puedan actuar rápidamente y cambiar de objetivo según sea necesario.

Estos ataques recientes, así como los anteriores relacionados con la persecución de la actividad de compartir archivos en la Red, han sido y están siendo llevados a cabo en nombre de la libertad en Internet por voluntarios que apoyan esta causa.

Es aquí donde cabe preguntarse: ¿Qué es la libertad en Internet? ¿Es libertad para una compañía elegir a las personas con las que desea hacer negocios siempre y cuando la elección sea hecha bajo un código de conducta público y dentro de la ley? ¿Es libertad expresar una opinión política o afectiva según los dictados de la conciencia? ¿Es libertad publicar la información relacionada con una actividad cuando uno cree que es mala o bochornosa con el fin de exponerla y resaltarla? ¿Es libertad ser capaz de difundir los secretos de otras personas simplemente porque las conversaciones privadas son a menudo ridículas, indignantes o divertidas cuando se repiten en público? ¿Es libertad que unas declaraciones denieguen a otros millones de personas el acceso a sus propias libertades o, en muchos casos, a sus propios medios de vida?

Lo cierto es que las libertades chocan. Por cada pedazo de libertad que una persona hace valer, tanto si es en Internet o de otra forma, alguien más va a perder algo de la suya. Cuando un colectivo de personas relativamente pequeño e independiente se reúne, con el poder y la voluntad de eliminar el contenido con el que no están de acuerdo o que les desagrada de Internet, ¿en qué punto esto deja de ser libertad? ¿Cuándo encontraremos que estamos quemando libros?

Libertad y censura bien pueden ser las dos caras de la misma moneda. ¿Cara o cruz?

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