¿Necesita tu startup un mentor?

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Los mentores son siempre necesarios, pero es mejor ir en solitario que con uno que no es el adecuado.

Emprender es, en palabras de Reid Hoffman, fundador de Linkedin, “tirarse por un acantilado y construir un avión mientras caes”. En este escenario, un mentor es una persona con experiencia en la fabricación de aparatos de vuelo, alguien que te recomienda dónde poner las alas y cómo hacer el giro para no que no te estrelles en el suelo con tu nuevo avión. ¿Cómo no iba una startup a necesitar un mentor?

La respuesta a la pregunta del título de este artículo es sí. Aunque seas un experto en la construcción de aviones, aunque lo hayas hecho varias veces con éxito, la mirada externa siempre viene bien. El mentor es el que se da cuenta de que el viento está soplando de forma extraña, el que ve desde fuera un peñasco que puede hacer que tu vuelo dure mucho menos. Pero ¿nos vale cualquier mentor? Aquí la respuesta es no: mejor prescindir de él que contratar a uno que te dice que tu avión no necesita alas.

Y es que ni cualquier persona puede ser mentora de startups, ni todos los mentores valen para todas las startups. Es necesario encontrar a alguien con experiencia, que entienda tanto cómo funciona el mundo de los emprendedores, como el sector en concreto en el que te mueves. Además, debe ser una persona quien confíes al 100% y que sepas que entiende qué es lo que buscas, cuál es tu visión. Dar con el mentor perfecto no es tan fácil y, mientras se busca, es mejor continuar prescindiendo de esta figura que acabar con alguien que no es el adecuado.

Pero ¿cómo sobrevivir al duro mundo de las startups sin contar con esa persona que te guía, te aconseja y te recomienda -aunque luego no siguieras sus consejos? Hay cuatro claves:

1. Habla de tus ideas. Aunque no tengas esa figura de mentor oficial, estás rodeado de gente con la que puedes hablar de tus ideas, de lo que crees que deberías hacer, de tus inseguridades como emprendedor y tus sueños. Y sí, todo el mundo tendrá consejos, desde tus empleados hasta tu familia, pasando por otros emprendedores. Escucha a la gente, recoge las recomendaciones que te parezcan más valiosas (lo bueno de hablar con personas de fuera del mundillo es que muchas veces ofrecen visiones frescas y distintas) y toma una decisión. Al igual que con un mentor, la decisión final está siempre en tus manos.

2. Asegúrate de tener una base estable y sostenible. Lanzarse al vacío sin mentor da menos miedo cuando sabes que, en caso de no lograr hacer el avión a tiempo, tienes un colchón al fondo del acantilado. Si puedes, prepara las cosas muy bien antes de ponerte con la startup: haz cálculos realistas, háblalo todo con la gente que pueda resultar afectada (tu familia, principalmente) y asegúrate de que estais todos de acuerdo y de que sois conscientes de que el fracaso es una posibilidad. Ir con esa seguridad hará que todo sea más fácil, ayudándote a centrarte en sacar el negocio adelante.

3. Haz networking. Esto está muy relacionado con el primer punto: se trata de seguir compartiendo tus ideas, en este caso con gente del sector, con otros emprendedores, con personas que pueden entender por qué están pasando y que te pueden contar qué les funcionó a ellos. Además de darte cuenta de que no solo está siendo difícil para ti, saldrás con nuevas ideas e inspiración para sacar la startup adelante.

4. Cuando aparezca el mentor perfecto, no lo dejes escapar. Aunque seas capaz de sobrevivir e incluso tener éxito con tu startup a pesar de no tener mentor, eso no significa que no lo necesites o no te venga bien. Si te va bien, notarás enseguida que más gente se acerca a la startup, mentores incluidos. Si con alguno de ellos te entiendes a la primera, te inspira confianza y tiene una trayectoria sólida ayudando a otras pequeñas empresas a avanzar… ¡quédate con él! Al igual que es mejor no tener mentor que tener uno malo, es mejor tener un buen mentor que continuar en solitario aunque te vaya bien.

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