Servicios de localización, un reto para la intimidad

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Los últimos movimientos de los usuarios podrían estar almacenados en una base de datos sin que haya una fecha límite para su eliminación.

Microsoft, Google, Twitter, Facebook, Vodafone, Nokia… son algunas de las empresas que han adoptado los servicios de localización, aquellos que buscan ofrecer servicios personalizados dependiendo de la ubicación geográfica del usuario. Las ventajas, claras por la parte del usuario, que consigue información del entorno que le rodea, puede ser mejor aprovechada por parte de anunciantes, que consiguen que su mensaje llegue al lugar correcto.

En todo caso, uno de los aspectos más polémicos plantea dónde empiezan los servicios de localización y dónde la intimidad del usuario, algo que ha estado en el candelero el mes pasado, cuando se anunció la creación de la Digital Due Process en Estados Unidos, una coalición de empresas que buscan renovar las normas de privacidad electrónica, actualmente basadas en una ley de 1986, la Electronic Communications Privacy Act (ECPA), procedente de unos tiempos en los que ni siquiera existía el término “spam”.

A esta falta de leyes modernas se le unen los datos de un estudio que ha puesto de manifiesto que la mayoría de los 80 servicios de localización analizados no cuentan con políticas de privacidad y guardan los datos durante una cantidad de tiempo indefinido.

El estudio, realizado por Carnegie Mellon, descubrió que la gente valora la capacidad para encontrar a otros en una situación de emergencias y conseguir información basada en la localización; incluso se valoraba la publicidad basada en localización en algunas circunstancias. Uno de los problemas es que la mayoría de la gente no se da cuenta de que existe una base de datos con información sobre los lugares en los que ha estado. Es decir que los datos almacenados se convierten en un problema potencial.

Otro de los detalles que se analizaron fueron las opciones que se ofrecen a los usuarios respecto a la privacidad. Afortunadamente casi la mitad de los servicios permiten restricciones para hacer que un usuario sea invisible de forma que aunque los datos de su localización se envían al servicio, no son vistos por otros usuarios. Quedan, sin embargo, otros muchos servicios que no ofrecen alternativas.

Existen una serie de tecnologías utilizadas para saber la localización de los usuarios. Uno de ellos es el popular GPS, o The Global Positioning System, que localiza al usuario a través de un dispositivo que está conectado a una serie de satélites que triangulan la posición del usuario. Se trata de una de las tecnologías más precisas, aunque no ofrece posibilidades de que el usuario pueda acceder a las capacidades del GPS, la tecnología no se ha integrado en los portátiles y además de incrementar el uso de la batería, no funciona dentro de edificios.

Las áreas urbanas están plagadas de puntos de acceso inalámbrico WiFi de forma que los clientes pueden ser mapeados dependiendo de la localización de los puntos de acceso. Esta tecnología de posicionamiento inalámbrico no es tan exacta como el GPS, pero también es cierto que hay más dispositivos WiFi que GPS y además, se puede localizar a un usuario dentro de un edificio.

La identificación móvil es otra de las herramientas que se utilizan en los servicios de localización. Un terminal podría acceder a la señal de tres torres de telefonía móvil de forma que se podría triangular la posición de un individuo.

La dirección IP de los dispositivos conectados a Internet también es una opción en los servicios de localización, aunque el hecho de que exista un número limitado de direcciones IP hace que sólo se use cuando fallan las anteriores.

Este abanico de tecnologías de localización necesita unas plataformas sobre las que funcionar en móviles, portátiles o dispositivos conectados a Internet. Existen dos maneras en que las aplicaciones pueden extraer la información y la primera es a través de la instalación de software. En este caso los usuarios se descargan un programa y lo instalan en sus teléfonos móviles u ordenadores; el software determina la localización aproximada de la persona a través de uno de los métodos mencionados anteriormente y lo almacena en una base de datos o envía esa información a la aplicación que comparte la localización.

Sin embargo, en lugar de hacer que el usuario tenga que ejecutar un software determinado, lo que han llevado a cabo varias compañías es desarrollar añadidos para navegadores que ejecuten esa función. Normalmente la tecnología permite que un usuario que visita una página web sea localizado a través de la tecnología inalámbrica o la IP.

Presentado en febrero de 2009, Google Latitude es un servicio de localización de Google que permite a los propietarios de una smartphone identificar sus ubicaciones para que amigos o familiares realicen un seguimiento o se coordinen encuentros. Concienciada del problema de la privacidad, Google incorporó opciones que permiten mostrar sólo a unos pocos usuarios e incluso ocultar su posición por completo. Actualmente Latitud está disponible con Google Maps para móviles de BlackBerry OS, Symbian S60, los smartphones con Windows Mobile que tienen posicionamiento GPS incorporado o asistido y, por supuesto, los teléfonos Android, el sistema operativo de Google.

En el verano de 2009 Twitter anunciaba estar trabajando en una opción que permitiría a sus usuarios ver dónde fueron escritos geográficamente los ‘tweets’, o mensajes. Imitando a Google en lo que respecta a evitar problemas con la intimidad de los usuarios, la compañía anunciaba que las coordenadas de los mensajes no aparecerían por defecto, sino que sería el usuario el que tendría que activar la opción, y que además, los datos de la localización no se almacenarán durante un largo periodo de tiempo.

En marzo de este año Facebook incorporaba opciones de localización a su red social gracias a una nueva herramienta que permitirá a los usuarios informar del lugar en que se encuentran en cada momento y compartir esta información con sus amigos. También en esta ocasión se ha cubierto las espaldas y el pasado mes de noviembre la red social modificó su política de privacidad de forma que si el usuario comparte su ubicación con otras personas o añade información sobre el lugar en que se encuentra en alguna de sus publicaciones, Facebook no otorgará a este tipo de contenido ningún tratamiento especial.

Por su puesto, también hay que mencionar a Foursquare, la start-up de moda basada en la geolocalización y en la recomendación de lugares que ya ha empezado a incorporarse como un añadido para muchos gigantes tecnológicos. El servicio comenzó a popularizarse gracias a Twitter y gracias a su adopción entre los usuarios ha despertado el interés de compañías como las anteriores, que se han planteado su adquisición.

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