Tu cubículo puede ser todo un palacio

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Eso de ser un esclavo del trabajo está muy mal.

Con un poco de habilidad, imaginación y algo de gusto (y probablemente el permiso del jefe) puedes conseguir sentirte como un señor, como un césar de la antigua Roma y transformar ese cubículo espartano (seguimos con el clasicismo grecorromano) en el que te ganas el jornal en todo un palacio. Y aún hay más.

Bricolaje oficinistico… tuneo laboral.

Esas cuatro paredes que te tienen ocho horas de lunes a viernes rodeado de un ambiente insano que te está arrebatando los mejores años de tu vida… eso puede cambiar.

Unas cuantas piezas de madera con aspecto de marmol de algún templo griego y con toda la pinta de haber sido robadas del Museo Británico, que  a su vez se lo llevó de Grecia (quien roba a un ladrón…) y unas pocas horas de martillazos y pegamento del bueno obrarán cambios prodigiosos en el aspecto de tu lugar de trabajo. Es posible hasta que tu jefe deje de gritarte… o que directamente te despida, con lo cual en el fondo también dejará de gritarte.

También es posible que tengas otros gustos menos clásicos, pero nosotros simplemente te dejamos la idea de tunear la entrada a tu cubículo y ya dejamos de tu parte recorrer los establecimientos de bricolaje de tu localidad hasta encontrar esas piezas decorativas de madera o fibras varias con formas que imitan otros materiales (vigas de madera, piedra, ladrillo visto) y que tu imaginación y tu bolsillo hagan el resto. ─Antonio Rentero [This old house]

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