Tú no lo sabes pero te conviertes en un cíclope cuando juegas [Veredicto: se te nota en la mirada que vives enjugascada]

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¿Te ha dicho alguien alguna vez que cuando juegas con la consola le recuerdas a Leela?

Pues si no te lo dicen es porque no quieren avergonzarte, porque lo cierto es que según un reciente estudio médico esa es la pinta que terminamos teniendo después de jugar un buen rato. El neurólogo Mark Changizi explica que los juegos en primera persona simulan la visión de un cíclope pues solo presentan la perspectiva de un ojo, así que no importa que tengamos dos ojos, lo que vemos corresponde con la visión de un solo ojo, Y el problema es que como nosotros tenemos dos esa perspectiva puede llegar a tener efectos negativos en el jugador. ¿Deseas saber más?

Changizi expone estas teorías en su libro “La revolución de la visión“, donde desarrolla las últimas investigaciones que dan un vuelco a todo lo que sabíamos hasta ahora de la visión humana.

Por lo que respecta a los videojuegos en primera persona el neurólogo defiende que si nos enfrentásemos en la vida real a un cíclope a un cíclope tendría sobre nosotros la ventaja de que no necesita “adaptar” su visión de un par de ojos a la visión en el videojuego correspondiente a un solo ojo, mientras nosotros tenemos que efectuar ese esfuerzo, que se hace de manera inconsciente, pero supone una carga de trabajo para la parte del cerebro que procesa la visión.

Nosotros nos hacemos una representación de la profundidad debido a lo que sabemos de las proporciones y las representaciones del mundo real tridimensional en las dos dimensiones, pero es un cálculo que al mirar el mundo real no realizamos. El fotorealismo o la capacidad de representación de la realidad del videojuego nos facilita esa labor.

En cambio ganamos a los cíclopes en juegos como “Call of Duty 2”, cuando un francotirador está emboscado tras unos matorrales. Nuestra visión binocular es capaz de fusionar la imagen captada por los dos ojos y superponer las partes que uno se pierde sobre las que capta el otro, de manera que el follaje “desaparece” para centrarnos en el edificio que nos tapa la vegetación.

Leela, no te escondas, que es peor. ─Antonio Rentero [Amazon]

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