Tus ojos engañan a tu mente [Veredicto: ilusiones ópticas explicadas para dummys]

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Dicen que la mano es más rápida que la vista, pero es que la vista cuando se pone te hace meter la pata y creerte cualquier cosa.

Hoy os vamos a enseñar unos cuantos trucos ópticos que nos harán sudar en un primer momento por no ser capaces de asimilar lo que estamos contemplando, pero para que no paséis la tarde con dolor de cabeza os iremos explicando dónde está el truco. Para empezar, en ese vídeo de arriba os juro por el jersey negro de cuello vuelto de Steve Jobs que los cuadrados marcados con las letras A y B son del mismo tono de color gris. Algunos incluso podréis llegar a ponerlos en práctica vosotros mismos para solaz y entretenimiento de vuestros amiguitos. ¿Deseas saber más?

El vídeo no tiene truco, es tu mente la que trata de comprender que la sombra que proyecta el cilindro verde sobre el tablero ajedrezado debe cambiar el aspecto de unos cuadros que deben ser de un color en el que no caben dudas… pero no es así. La luminosidad, la sombra y el color real de esos dos cuadrados terminan siendo más una construcción de la lógica con la que nuestro cerebro trata de comprender el “paisaje”, y cuando lo despojamos de todo lo que lo rodea la realidad nos sorprende con su contundencia.

Por un lado el truco está en el contraste local, a pesar de las sombras damos por sentado que si alrededor todos los cuadrados son de un color más oscuro, el de en medio será más claro, y viceversa. Si a eso le sumamos que los cuadrados tienen unos bordes definidos mientras que las sombras presentan unas gradaciones de color de bordes difusos, es solo cuestiónd e mezcalrlo todo apropiadamente para engañar a nuestra mente. Pero por encima de todo el engaño se produce porque asumimos la estructura del tablero de ajedrez como un equilibrio entre absolutos, solo hay cuadros blancos y negros y solo en un orden, cada cuadro blanco está rodeado de negros en sus cuatro puntos cardenales y viceversa.

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En este otro tampoco hay manipulación alguna, ni es una animació stop-motion, ni hay CGI ni un señor con una mano metida por dentro en plan Teleñeco.

Simplemente el dibujo de la cara se ha imprimido en una cartulina cóncava, en lugar de convexa. Nuestra mente interpreta la figura dando por sentado que el volumen de la cabeza del dragón se corresponde con los volúmenes habituales de cualquier objeto, con proyección hacia el exterior. Pero en este caso es justo a la inversa, como podemos ver al final del vídeo. La cartulina se encuentra doblada hacia adentro y así hasta que nos desplazamos hasta el extremo de la perspectiva la cara parecerá perseguirnos moviéndose de una manera que en una representación convexa presentaría mucho menos efecto tridimensional. Además se añade a este truco que el movimiento de la cabeza del dragón parece producirse al doble de la velocidad aparente con respecto a los movimientos que hacemos nosotros, con lo que nos resulta aún más extraño.

Incluso cuando conoces la explicación al truco tu mente seguirá representando como convexa una superficie que tú ya sabes que es cóncava, pero no te preocupes por ello, según un estudio con test visuales de este tipo se puede estudiar el vínculo  entre la representación visual de la realidad y la salud mental. El 99% de las ocasiones un grupo de control se equivocó al definir objetos similares a este dragón como convexos mientras que los pacientes con esquizofrenia solo se dejaron engañar un 6% de las ocasiones. Curioso resultado, en cualquier caso, que se debe a que las personas sanas presentan una conexión más consistente entre los dos hemisferios cerebrales y las zonas que se encargan de la percepción espacial y el procesado de la información visual, esencial para comprender el mundo que nos rodea, y por tanto susceptibles de incurrir en estos errores de interpretación debidos a los trucos ópticos. Un esquizofrénico presentaría un mal funcionamiento en esa coordinación y por tanto no caería en el “engaño”.

Si os ha gustado todo esto, otro día seguimos con más ilusiones ópticas y la explicación de sus causas. ─Antonio Rentero [i´09]

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