Un año de Televisión Digital Terrestre? enlatada

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Entre los regalos-estrella de las pasadas navidades -tanto por su reducido precio como por las funcionalidades y servicios que prometía- sobresalieron los receptores de Televisión Digital Terrestre. Recién inauguradas las emisiones, todo el mundo quería recibir, completamente gratis, las nuevas cadenas de televisión. Un año después, no puede decirse que la compra de sintonizadores haya

Entre los regalos-estrella de las pasadas navidades -tanto por su reducido precio como por las funcionalidades y servicios que prometía- sobresalieron los receptores de Televisión Digital Terrestre. Recién inauguradas las emisiones, todo el mundo quería recibir, completamente gratis, las nuevas cadenas de televisión.

Un año después, no puede decirse que la compra de sintonizadores haya descendido, ya que se ha mantenido estable durante el año, pero sin duda la próxima campaña de navidad no supondrá un nuevo boom de ventas.

Y éste no se producirá no sólo porque el producto ya no sea novedoso ni porque todos los consumidores potenciales hayan adquirido ya su receptor, sino también porque no hay contenidos atractivos que pudiesen enganchar a más telespectadores. Durante este año de TDT las emisiones no han logrado ofrecer, de momento, la televisión de calidad que se prometía.

De hecho, muchos de los canales se han convertido en una especie de cajón de sastre en el que se reponen, una y otra vez, contenidos caducos, series pasadas de moda y acontecimientos deportivos de temporadas finalizadas. Sólo unas cuantas estaciones ofrecen contenidos propios (noticias y deportes, fundamentalmente), más o menos elaborados, pero que tampoco son suficientes para llenar su parrilla de programación, por lo que las cadenas acaban recurriendo también a las repeticiones. O, como en el caso de TVE, a compartir la frecuencia para emitir, lo que deberían ser dos títulos independientes (Clan TV y Canal 50), en uno solo, alternando su horario de emisión en un solo canal.

No cabe duda de que la TDT es el futuro de la televisión, pero es necesario dar un impulso a los contenidos y desarrollar las funcionalidades que potencialmente puede ofrecer para convertirla en un medio de comunicación con personalidad propia. Cuanto antes, sin tener que esperar al apagón analógico. Y para que éste no sólo signifique un cambio de sistema sino también el acceso a un amplio abanico de servicios a disposición del espectador.

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