Una fuerza desconocida actúa sobre la Pioneer 10

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La Pioneer 10, sonda que en 1983 superó la órbita del último planeta del sistema solar y se adentró más allá, está sufriendo una desviación en su trayectoria. Algo apenas perceptible, una fuerza misteriosa, débil, como los gnomos… pero no por ello desechable. De hecho, es otro de los motivos que nos hacen pensar que nos faltan leyes físicas por descubrir o, al menos, mejorar. Detalles tras el desviado salto.

Empecemos desde el principio: la Pioneer 10, efectivamente, traspasó las fronteras de los planetas en 1983. Hay que hacer notar que en aquel momento, el planeta más alejado al Sol era Neptuno, debido a que la excentricidad (alargamiento) de la órbita de Plutón hacía que en esa época éste estuviera más cerca del astro rey que el propio Neptuno. Aunque hoy día, teniendo en cuenta que Plutón dejó de ser planeta, nos daría lo mismo.

El tema es que hay algo que está tirando de la Pioneer 10 hacia el Sol. Y no, no es la gravedad. O al menos, no es la gravedad tal como debería ser según las formulitas con las que jugamos habitualmente, esas que dan al ser humano la sensación de conocimiento y control.

Esta fuerza (“potencialmente una nueva fuerza de la naturaleza”, afirman) es aproximadamente 10 millones de veces más débil que la de la gravedad. Muy débil, teniendo en cuenta que la fuerza de la gravedad es la más débil de las 4 fuerzas fundamentales que usamos para describir el universo.

Se han desechado varias hipótesis, incluyendo un mal “funcionamiento” de la gravedad:

“Los científicos, en principio, sospecharon que había gas escapando de los pequeños cohetes a bordo de las sondas, o una fuga de calor de su planta nuclear de energía podría ser la responsable. Ambas hipótesis se han desechado. El equipo dice que no hay ninguna teoría actual que explique por qué la fuerza permanece constante: todas las demás fuerzas pausibles, desde la gravedad hasta la radiación solar, decrecen rápidamente con la distancia”.

Es decir, es una fuerza que actúa constantemente sobre la sonda y que no parece (en principio) provenir del Sol, puesto que de ser así, se habría observado variaciones según la distancia con nuestra estrella aumentara. Esta fuerza, según se ha podido medir, le resta unos 9’7 km/h cada siglo. Teniendo en cuenta que la velocidad de la Pioneer 10 es de 43.450 km/h, nos da una idea de lo débil que resulta. Pero suficiente para que científicos como el doctor Duncan Steel, de la Universidad de Salford, se cuestionen si conocemos lo suficiente sobre la gravedad, sobre el universo y, en fin… sobre todo. Eso sí, el señor John Webb estará contento. —Javier G. Pereda [Telegraph]

Autor: Javiergp
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