Los costes ocultos de un router barato

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Analizamos las ventajas e inconvenientes a la hora de conectar el router que nos suministra nuestro proveedor de internet y las opciones que tenemos para mejorar la conexión.

¿Cuánto vale un router? Es una pregunta que muchos usuarios no sabrían responder, por la sencilla razón de que nunca han tenido que comprarlo. La falta de libre elección del router en España hace que sean los proveedores de servicios de Internet (ISP) quienes suministran el enrutador a sus clientes. Esto parece una ventaja a priori para el consumidor, pero también tiene su lado negativo.

Si bien es cierto que muchos ISP hacen un esfuerzo encomiable por ofrecer un router moderno y de calidad, también es verdad que, sobre todo en el pasado, muchos consumidores se han tenido que conformar con enrutadores de fabricantes asiáticos de precios tan reducidos como sus prestaciones.

Hoy en día sigue siendo posible comprar routers sorprendentemente baratos: en Internet se ofrecen modelos por menos de 20 euros. Del mismo modo, también hay smartphones de 50 euros, pero todos sabemos que su calidad y funcionalidad no son comparables a las de un modelo de gama alta.

Con los enrutadores sucede lo mismo. Aunque la diferencia es que no son un dispositivo de punto final como un móvil, sino que el router constituye el corazón de una red doméstica o empresarial. Y si el corazón del sistema no da la talla, todos los dispositivos conectados sufren las consecuencias.

Los problemas de los routers low-cost

Los primeros aspectos que se resienten en los routers low-cost son la velocidad y el alcance de la red. Un enrutador de gama baja no incorpora las últimas tecnologías que mejoran el rendimiento, como Wifi AC, MIMO o Supervectoring, que sí incluyen los routers de altas prestaciones. Esto hace que el usuario no pueda navegar a la máxima velocidad y acrecienta el mito de que los ISP no ofrecen la velocidad de navegación que prometen (cuando a menudo el problema está en la red del usuario).

Si la red doméstica no tiene un rendimiento adecuado, los usuarios no pueden acceder a servicios premium como el streaming de vídeo. El ISP pierde la ocasión de venderle paquetes de convergencia de telecomunicaciones (Internet, telefonía y televisión) que tienen mayor rentabilidad y capacidad de fidelización y corre el riesgo de que el cliente se vaya a otro ISP que le entregue un router mejor.

Un tercer aspecto negativo de los enrutadores de bajo precio es la seguridad. Un router barato a menudo no ofrece las medidas de seguridad recomendables, como las actualizaciones automáticas del firmware o la posibilidad de cambiar la contraseña mediante una interfaz amigable para el usuario. Esto expone a los usuarios a vulnerabilidades de seguridad que dañan la reputación del ISP.

En cuarto lugar, los routers más baratos no incorporan funcionalidades adicionales como un puerto USB para conectar discos duros o unidades USB, centralita para telefonía IP y fax o compatibilidad con los protocolos de domótica. Como consecuencia, los usuarios ven reducidas las posibilidades de su red a poco más que navegar por Internet, cuando podrían hacer muchas más cosas con su equipo.

Un último aspecto menos conocido pero igual de importante es el soporte técnico. Un fabricante de routers baratos de un país lejano, que vende principalmente mediante acuerdos OEM con ISP y no tiene presencia local, difícilmente puede ofrecer un servicio de asistencia técnica de calidad en el idioma del cliente. De modo que al final es el propio ISP quien tiene que atender las consultas de los usuarios sobre el router que les ha entregado, lo cual sobrecarga su centro de atención telefónica.

A la larga, un router barato sale caro

En resumen: un router barato ofrece una peor experiencia del usuario y menos oportunidades de negocio y fidelización para el ISP. Un pequeño ahorro inicial se convierte en insatisfacción y pérdidas a largo plazo. Tampoco es necesario gastar una fortuna para tener un router de calidad: por poco más de 100 euros, están disponibles modelos con las últimas innovaciones como el FRITZ!Box 7530.

 

Esto equivale a poco más de dos meses de la tarifa media que paga un usuario de Internet en España. ¿No sería un mejor negocio para todos equipar los hogares españoles con enrutadores de última generación, que permitan disfrutar de una navegación por Internet más rápida, segura y completa?