IFA 09:Vente para Alemania, Payo

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Berlín. No podría ser en otro sitio. Los alemanes lo hacen todo a lo grande: las calles, los edificios, las ferias de muestras…Polígonos y polígonos con las mejores marcas electrónicas y sus productos por los que incluso los periodistas y bloggers (aquellos que no practicamos habitualmente maratones olímpicos) estábamos casi obligados a desplazarnos en autobús si pretendíamos ver los gadgets de más de un fabricante. Un gran despliegue de superficie acorde al tamaño de la feria, una de las más importantes del mundo tecnológico. Más tras el salto.

Para aquellos acostumbrados a los eventos tipo SIMO tanto espacio abruma. Sin embargo, es la mejor forma de ver a cada juguetito en su sitio, junto a su familia de productos y bajo la custodia de amables personajes que son capaces de relatarte hasta la más minuciosa característica del dispositivo en cuestión, aunque muy poco sobre su fecha de lanzamiento y la versión definitiva. Prototipos, tan queridos, tan odiados. Algunas secciones tienen tantos (no prototipos, sino encargados), que incluso se pelean por atender a los visitantes o por dar la explicación más satisfactoria. ¿Acaso se han ido los vendedores del Corte Inglés a trabajar a Alemania?

La posibilidad de que cada marca cuente con un vasto territorio le da una magia especial al recinto. Imagen de marca, catering, actuaciones, performances, luces de colores y salas de conferencias personalizadas, todo dentro de enormes cubos de los que a veces es imposible encontrar la salida, quizá por la desorientación que produce tanto potencial electrónico junto.

El espíritu de la ciudad acompaña al evento. Como el mundo tecnológico, la capital alemana es una constante urbe en desarrollo, que ha despegado por razones obvias en los últimos veinte años y que está en permanente innovación. Además, como en IFA, Berlín es una gran caja de sorpresas. Si en cada pabellón, área o expositor uno puede encontrarse pequeñas maravillas lo mismo ocurre en la metrópoli de la vida nocturna: hoteles con peceras de varios pisos en su interior, casas okupas reconvertidas en pubs, playas artificiales escondidas en el río y hasta restaurantes de cocina de diseño en lo más alto del Reichstag. Lo mejor, que algunos berlineses ni siquiera saben de su existencia. Pero ¿Acaso, conoces tú, oh techie y applefanboy de pura cepa todas las aplicaciones estrambóticas del iPhone?– Alberto Payo [IFA Berlin]

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