Kenji, el robot programado para amar, se vuelve posesivo y sobón [Veredicto: Abrazos gratis. Razón: aquí]

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A los investigadores japoneses de Toshiba se les llenaban los ojos de lágrimas cuando presentaban hace diez meses a Kenji, un robot humanoide programado para emular algunas emociones humanas, entre ellas incluso algo que podría ser parecido al amor. El prototipo fue parte de un experimento con otros bots, a los que se les dotó con un software para que reaccionaran a ciertos estímulos externos. A Kenji se le condicionó durante muchas horas para que se vinculara emocionalmente con una muñeca, comprobando qué ocurría cuando ésta desaparecía de su vista. Sin embargo, la dependencia hacia la “pelele” (con perdón) y la capacidad de dar amor del droide parecen haber ido demasiado lejos. El problema se produjo cuando Kenji secuestró la semana pasada a una interina, que obviamente estaba de mejor ver que la muñeca de marras. El próximo capítulo, tras el salto

Todo sucedió cuando una joven del laboratorio comenzó a pasar varias horas del día con el prototipo, probando sus sistemas y cargándole nuevas rutinas (esto en mi barrio se llama “calentar al personal”). Una de estas noches la muchacha se dispuso a abandonar el recinto, sin embargo, Kenji se negó, usando su voluminoso cuerpo para interrumpir su paso y bloquear su salida. Tras esto, procedió a abrazar repetidamente a la chica, que sólo pudo escapar cuando dos funcionarios entraron y desactivaron temporalmente al robot. Ahora, cada vez que nuestro amigo artificial es encendido de nuevo coge al primero que pilla y comienza a vapulearle cariñosamente con sus extremidades hidráulicas de 100 kg.  Moraleja: Los androides sueñan con tías de verdad, no eléctricas, ni de plástico. —Alberto Payo [MuckFlash]

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