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No tires tus viejos vinilos, conviértelos en altavoces

Los vinilos no vuelven, es que siempre estuvieron ahí.

Pero además de darles una segunda vida a nuestros LP favoritos o incluso adquirir otros nuevos también podemos recuperar aquellos vinilos que no vamos a volver a escuchar, bien porque están rayados bien porque nuestros gustos han cambiado y ya no nos va Modern Talking, Los Pecos o La Década Prodigiosa.

Paul Cocksedge ha decidido usar un poco de calor para transformar los viejos vinilos en nuevos altavoces. Y aún hay más.

Maquea tu Mac con estos vinilos

Hay que reconocer que probablemente en la casa de la manzanica mordía no sabían el juego que iba a dar la inclusión en la parte posterior de sus portátiles del logotipo que identifica a Apple con capacidad para iluminarse.

Nunca subestimes la imaginación ni el ingenio de un Apple fanboy ni su potencial para la simpática parodia y el ocurrente homenaje. Tras el salto te ofrecemos una completa galería con unos cuantos vinilos adhesivos que permiten personalizar tu MacBook. Y aún hay más.

El tocadiscos de los 20.000 €

No, no nos hemos equivocado (por una vez).

No sobran ceros. Hablamos de veintemil euros de vellón… por un tocadiscos. Y lo más curioso del caso es que no estamos ante un modelo tope de gama sino ante el modelo más modesto de la casa Audio Consulting. El barato, vamos. Tenemos un sobre con el precio del más caro que fabrican pero nuestro cardiólogo ha sido estricto al prohibirnos mirarlo. Y aún hay más.

Tocadiscos Triumph: vinilos a toda velocidad

Los viejos rockeros nunca mueren, y si van a lomos de motos clásicas no hay quien les alcance.

Lo retro, lo vintage, nunca morirá tampoco. Al menos es la sensación que se percibe al admirar este trabajo de bricolaje motociclístico-musical que une la marca británica Triumph con los tocadiscos, dos conceptos de eminente sabor añejo involucrados íntimamente, pues el concepto cafe racer ya unía música y motos. Corrían los años 60 cuando los jóvenes modificaban sus motocicletas para extraerles la máxima potencia y hacerlas adoptar un aspecto deportivo y competían en carreras informales urbanas consistentes en ir hasta un punto determinado y volver en el tiempo que tardaba en sonar una canción seleccionada en una máquina de discos de un bar o café. El resto es Historia y hoy se da la mano en el tocadiscos más motero conocido hasta la fecha. Y aún hay más.