Cómo comprar un ereader y no morir en el intento

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Antonio Quirós, consejero delegado de Luarna Ediciones, da algunas recomendaciones para adquirir ereaders y aprovechar su uso de cara a las compras navideñas.

En la actualidad nos encontramos inmersos bajo una auténtica avalancha de información acerca de la lectura digital y sobre la gran variedad de ereaders que se comercializan en el mercado. En muchas ocasiones se generan unas expectativas inadecuadas que conllevan a inevitables decepciones. Por ello, es importante tener unas nociones básicas de lo que son estos dispositivos y qué servicios ofrecen exactamente para no precipitarse en una compra equivocada.

En primer lugar, hay que destacar que los ereaders más extendidos son los de 6 pulgadas, cuyo tamaño equivale al de un libro de bolsillo. Si el dispositivo se va a usar fundamentalmente para leer cualquier obra que pudiera ser editada en un libro de este tamaño iremos por buen camino, pero si lo que se desea es leer un libro de, por ejemplo, arte de tamaño DIN-A-3, lo mejor será barajar otras opciones.

Por otro lado, los lectores digitales están diseñados fundamentalmente para leer literatura y ensayo, por lo que si se desea consultar libros específicos sobre ciencia, arte y que en general cuenten con mucho material gráfico, entonces los ereaders no son los elementos más adecuados.

Si lo que se desea es utilizar estos dispositivos para consultar documentación generada por nosotros mismos, hemos de tener en cuenta que es una buena práctica generar dicha documentación con un tamaño de página adecuado al de la pantalla de 6 pulgadas.

El formato más adecuado para ver textos es un ereader es el ePub. Normalmente los usuarios buscan ereaders que soporten todos los formatos para poder visualizar en ellos cualquier archivo que tengan almacenado en su ordenador. En este sentido, hay que tener en cuenta que cuantos más formatos se soporten mejor, pero la calidad de presentación y la soltura en la gestión que se logra con ePub es muy superior a la de otros formatos.

Un error muy habitual que cometen muchos usuarios, es utilizar textos en formato PDF y tamaño DIN-A4 para visualizarlos en su lector digital. La pantalla de 6 pulgadas de estos dispositivos tiene un tamaño mucho menor que los archivos mencionados, por lo que el texto termina por ser casi ilegible. Lo que los usuarios deben tener en cuenta, es que para poder ver estas obras, los ereaders suelen tener una función de reflow que permite reestructurar el texto y adecuarlo, por lo que es conveniente consultar los manuales del dispositivo y activarla.

A día de hoy es posible acceder a ereaders básicos para una lectura sin más, mientras que otros presentan prestaciones más avanzadas como pantalla táctil o tecnología Wi-Fi. Por ello, es importante reflexionar con detenimiento qué uso se le va a dar al dispositivo para poder elegir el modelo que más se adecue a nuestras necesidades. Si realmente sólo lo va a usar para leer no hay que caer en la trampa de comprar un dispositivo más caro y con más funciones que quizá nunca se vayan a utilizar.

Los ereaders existentes en el mercado son dispositivos sencillos con un software de limitadas funcionalidades, por lo que no se les puede pedir “el oro y el moro”. Todavía existen clientes que quieren usar estos dispositivos para estudiar, leer libros, subrayarlos, anotarlos, organizar las notas según temas y, por supuesto, poder acceder desde el ordenador a todos estos contenidos. Aunque algunos ereaders permiten realizar anotaciones o subrayar, todavía no existe una máquina que permita hacer al mismo tiempo todas las funcionalidades mencionadas, ya que el software todavía tiene un escaso nivel de desarrollo. Hay que destacar que la función primordial de los ereaders es, valga la redundancia, la lectura de contenidos, por lo que si se compra uno de estos dispositivos buscando funciones avanzadas, la decepción estará asegurada.

En la actualidad, ya han empezado a aparecer dispositivos “tablet” que cuentan con sistemas operativos más complejos como Android, que permiten funciones más avanzadas, como la consulta de correo electrónico o la navegación por Internet. Sin embargo, esta mejora en las funcionalidades se produce en una pantalla TFT retroiluminada que no dispone de la tecnología de tinta electrónica. Por esta razón, será el usuario quien deba decidir si le compensa una reducción en la calidad lectora a cambio de una mayor gama de funciones como visualizar vídeos, escuchar música, o navegar por Internet, todo de una forma más eficaz que en un ereader.

Otro punto a tener en cuenta, es el público objetivo a quien van dirigidos los ereaders. Existe una creencia muy extendida de que este tipo de dispositivos tienen mucha popularidad entre los “early adopters”, un público joven muy familiarizado con la tecnología. Sin embargo, las estadísticas muestran que el comprador medio de estos equipos es un lector de mediana edad, no especialmente cercano a la tecnología y generalmente del público femenino. En general, se trata del ávido lector de toda la vida que ha descubierto una forma más cómoda, eficaz y barata de disfrutar de la lectura.

En definitiva, los ereaders no son ni mejor ni peor que otros dispositivos como las tabletas, sino que todo depende del uso que se les vaya a dar. Probablemente, los lectores que pasan muchas horas al día leyendo prefieran los ereaders basados en tinta electrónica, ya que evitan la fatiga visual, mientras que los lectores esporádicos se inclinarán por las tabletas que ofrecen un uso más polivalente.

Y es que, las expectativas frustradas son una enorme fuente de decepción, por lo que es mejor que los usuarios tengan unas nociones claras de sus necesidades antes de lanzarse a comprar un ereader que no se ajuste a sus demandas y les convierta en detractores de la lectura electrónica.

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