De las hormigas a las redes telemáticas

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La informática evolutiva o bioinspirada se basa en la actividad de la naturaleza, en especial la de los insectos sociales, para crear algoritmos.

Transporte de datos

El científico de la Universidad Libre de Bruselas Marco Dorigo ha asegurado que el comportamiento colectivo de seres en apariencia tan simples como las hormigas sirve de “modelo para optimizar entramados telemáticos, e incluso para diseñar robots capaces de interactuar con el territorio”. Dorigo, que se encuentra en Barcelona invitado por el museo CosmoCaixa, ha explicado en una entrevista que el trabajo cooperativo de estos animales “puede resolvernos muchos problemas de logística y transporte de datos”.

Dorigo, un ingeniero electrónico nacido en Italia, es uno de los grandes expertos mundiales en computación evolutiva o “bioinspirada”, una ciencia que se basa en la actividad de la naturaleza, en especial la de los “insectos sociales”, para crear algoritmos.

La principal fijación de este científico son las hormigas, unos insectos que, tal como afirma, “difícilmente sobrevivirían en solitario”. Por ello, establecen fuertes lazos comunitarios que les permiten “crear escudos, abrir caminos, beneficiarse del trabajo de otros insectos e incluso construir puentes artificiales”.

Desde hace 12 años, Doriga ha centrado su atención en estos insectos por su infalible capacidad de encontrar siempre el camino más rápido. “Cuando se mueven en solitario en busca de alimento lo hacen al azar, pero dejan un rastro químico (feromona) que sirve de guía para las demás hormigas, y al final, el camino más corto hacia el alimento es el más transitado y el que contiene más odorífero, así que el resto de la comunidad ya sabe qué senda es la correcta”.

Traslado al mundo virtual

El ingeniero creó unas “hormigas virtuales”, un software basado en algoritmos que mimetizan el comportamiento de las hormigas en busca de comida. “Estas “hormigas” rastrean todos los caminos posibles y dejan un rastro sobre el correcto que sirve de cebo para las demás” y consiguen así marcar la ruta óptima para acceder de un nodo a otro.

“Este programa puede resultar muy útil para las empresas de transportes, puesto que indica a los vehículos cuál es el mejor camino a seguir entre el entramado de carreteras e indica rutas alternativas en caso de atascos”, ha señalado Dorigo.

Otra de las posibles aplicaciones que se ha experimentado con éxito es Internet, donde, según Dorigo, “optimiza el transporte de datos de un punto a otro y evita los continuos atascos que se producen, desviando información por canales alternativos”.

Múltiples aplicaciones

Estos son sólo unos pocos ejemplos en los que pueden intervenir este tipo de algoritmos, ya que la “computación bioinspirada” ha sido aplicada con éxito en campos tan dispares como el control de redes de distribución de gas, la planificación de tareas, el cálculo de estrategias de mercado o el corte de piezas con mínimo desperdicio.

Pero Dorigo ha dado un paso más allá y ha desarrollado un conjunto de “robots enjambre”, basado en el comportamiento de insectos sociales como las hormigas o las abejas, que “son capaces de explorar el terreno por sí solos y actuar en equipo”.

El sistema se basa en 35 unidades autónomas y de reducido tamaño que pueden actuar en solitario o unirse como si se tratara de un enjambre de insectos, y utilizar brazos mecánicos que les hace “más flexibles y dinámicos que los robots más grandes y pesados”.

La formación en enjambre les permite “transportar objetos pesados, mostrarse más estables en condiciones de terreno adversas e incluso crear puentes artificiales”.

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