La tecnología y la explotación infantil: ¿sabes quién ha fabricado tu smartphone?

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Un informe de Amnistía Internacional acusa a Apple, Microsoft y Samsung, entre otras, de usar en sus productos baterías con componentes en cuya extracción han participado niños.

Hacía tiempo que Apple estaba tranquila con este tema. Tras unos años en los que los escándalos relacionados con las condiciones laborales de las plantas de sus proveedores en Asia, especialmente Foxconn, llenaban titulares todas las semanas, la firma de Cupertino había conseguido tomar medidas para mejorar la situación y, sobre todo, dejar de ser foco de atención mediática. Esta semana, no obstante, un nuevo escándalo vuelve a dar su nombre, aunque cambiamos de continente. Los problemas están ahora en África.

Las acusaciones llegan desde un informe publicado esta semana por Amnistía Internacional y Afrewatch, en el que aseguran que el cobalto que extraen de minas en la República Democrática del Congo niños de edades que rondan los 7 años es vendido a un subsidiario de la compañía china Huayou Cobalt. Tras procesar el material, se lo venden a compañías chinas y surcoreanas que lo usan para fabricar baterías de litio. ¿Quiénes son los clientes que compran estas baterías? Multinacionales como Apple, Samsung, LG o Microsoft, entre otras.

Las reacciones no se hicieron esperar y la mayoría de las compañías emitieron comunicados para contestar al informe, todas ellas con una excusa principal: lo intentan, pero es imposible saber con seguridad de dónde provienen todos los componentes que usan sus proveedores para sus productos. “Hacemos lo que podemos”, parecen decir, mientras Amnistía Internacional dice que claramente no es así. “Es una verdadera tragedia, aseguraba Mark Dummett, investigador de Amnistía, “y creemos que las compañías que están obteniendo beneficios del cobalto que acaba en nuestros smartphones deberían ser parte de la solución”.

La tragedia aparece descrita con detalle en el informe: realizaron entrevistas a 87 personas que trabajan o han trabajado en estas minas, 17 menores de edad incluidos, en las que descubrieron turnos de más de 12 horas por 1 o 2 dólares. Cargar grandes pesos, someterse a abusos físicos, estar expuestos de forma regular a químicos peligrosos sin ninguna medida de seguridad… Según una radio de la ONU, entre septiembre de 2014 y diciembre de 2015 murieron al menos 80 mineros, cifra que podría ser muy superior, ya que muchos de estos accidentes no se registran.

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¿Tolerancia cero a la explotación infantil?

A pesar de todas las excusas y justificaciones de las compañías, es imposible no pensar que parece que solo toman medidas y expresan su rechazo cuando salta un escándalo de este tipo. Según Dummett, “muchas de estas multinacionales dicen que tienen una política de tolerancia cero hacia el trabajo infantil”, una promesa que no vale ni “el papel en el que está escrita” si después esas firmas “no están investigando a sus proveedores. Su afirmación no es creíble”.

Desde Apple se defienden asegurando que son pioneros en la industria a la hora de iniciar una serie de medidas de seguridad para evitar estas situaciones. Uno de sus programas, indica CNET, consiste en asegurarse de que, si detectan situaciones de explotación infantil, el proveedor compense a los niños ayudándoles a volver a su casa, financiando su educación y ofreciéndoles un trabajo cuando tengan edad legal para trabajar. “Estamos evaluando docenas de materiales diferentes, cobalto incluido, para identificar los riesgos laborales y medioambientales y las oportunidades de Apple para iniciar un cambio efectivo, escalable y sustancial”.

En Samsung, otra de las compañías acusadas, indican que en cuanto detectan casos de este tipo en un proveedor terminan el contrato de forma “inmediata”. Además, aseguran que prohiben a sus proveedores usar minerales de zonas en conflicto, como es el caso de la República Democrática del Congo, pero que debido a sus contratos de confidencialidad no podían saber si el cobalto venía de ahí. En Sony han iniciado una investigación pero no han podido llegar a resultados obvios que hagan evidente que el cobalto de sus productos llega desde las minas de Katanga.

Solo en Microsoft parecen admitir que es posible que su cobalto llegue desde ahí. “No hemos trazado el cobalto usado en los productos de Microsoft en nuestra cadena de proveedores hasta ese nivel debido a la complejidad del proceso y a los recursos necesarios”, indicaron en un comunicado. Eso parecen en realidad decir todas: “intentamos controlar el proceso, pero a algunos niveles es imposible”.

El informe de Amnistía no libera tampoco a los consumidores de responsabilidad. “Millones de personas disfrutan de los beneficios de las nuevas tecnologías, pero rara vez se preguntan cómo han sido fabricadas”. Quizá sea el momento de que marcas y consumidores den un paso más hacia ese consumo más consciente.

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