Little Big Planet para PS3

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Un juego con el que dar rienda suelta a la creatividad y en el que colaborar resulta fundamental para divertirse como un muñeco de trapo.

Sony ya demostró con LocoRoco que se le da bien eso de tener títulos únicos para sus consolas en los que la sencillez de diseño, la jugabilidad y la originalidad convierten a un juego aparentemente “para niños” en toda una experiencia gratificante hasta para los más jugones.

Pues bien, el mismo concepto que ya aplicó con la pequeña bola “de chicle” amarillo en PlayStation Portable (PSP) es el que llega a la hermana mayor, PlayStation 3, pero corregido, mejorado y aumentado, con “LittleBigPlanet”.

Se trata de un juego aparentemente sencillo, casi infantil, protagonizado por unos muñecos de trapo, los llmados Sackboys, que se meterán al jugador en el bolsillo al instante. Simpáticos y completamente personalizables, sus gestos faciales pueden ser cambiados a lo largo de toda la partida con sólo un golpe de cruceta.

LittleBigPlanet es un juego de plataformas, si, pero es mucho más que todo eso. Cierto es que no deja de ser un juego en el que manejar a un muñeco de trapo, en el que recoger objetos y en el que hay que interactuar con el escenario saltando niveles, esquivando peligros y avanzando en 3D. Pero como decimos, es mucho más.

Junto al espectacular apartado gráfico (no destaca por su realismo, ni siquiera por su textura), pero los escenarios son agradables y en ellos se ha cuidado hasta el último detalle, el juego destaca sobre todo por la posibilidad de estimular la creatividad.

Y es que cada jugador puede crear sus propios niveles gracias a un editor bastante completo -y en algunos casos, bastante complejos- y, una vez terminados, subirlos a Internet para que los demás jugones hagan pasear por ellos a sus Sackboys y poner todo tipo de trampas e interactuar con los objetos para conseguir resolver las pantallas.

Esta opción, junto con el modo online y multijugador, en el que los jugadores controlan grupos de Sackboys para resolver, de manera colectiva, los enigmas de cada nivel, dan al juego -ambientado con una banda sonora muy ‘poppie’- algo especial que lo hacen destacar.

Los ocho mundos que tendrá que resolver el jugador individual -ciertamente, no muy difíciles, ya que son accesibles para cualquier jugador inexperto- no son más que la puerta de entrada a un pequeño gran mundo, a un pequeño gran planeta en el que el único límite es la creatividad del jugón para interactuar con su Sackboy y el editor de niveles.

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