Startups, innovación y emprendimiento en los BRICS: I) Rusia

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Los BRICS son ya una alternativa más que real a las potencias económicas tradicionales. Comenzamos con Rusia una serie de reportajes sobre el panorama emprendedor en estos países.

Frente a una Europa occidental de capa caída, un Japón que vive desde hace años de la fortaleza ganada en los 70 y 80 y unos Estados Unidos que pelean denodadamente por mantener su papel de primera potencia económica mundial, hay un conjunto de países que han pasado de “emergentes” a convertirse en el motor del crecimiento económico mundial. Cinco países –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica-, conocidos como los BRICS en los que, como es natural, la innovación y el emprendimiento tecnológico juegan un papel más que importante.

Comenzaremos nuestra serie de reportajes sobre startups y emprendimiento en los BRICS por el país más cercano geográficamente a España: Rusia. Antiguo imperio transcontinental y heredera de una de las dos superpotencias de la segunda mitad del siglo XX, Rusia se ha transformado espectacularmente en la última década, pasando de un país en desarrollo que buscaba adaptarse aceleradamente a la economía de mercado a ser una de las cinco potencias emergentes mundiales y la 15ª economía del mundo.

Esta recuperación del poderío económico ruso se ha sustentado fundamentalmente en la exportación de gas y petróleo, pero Gobierno y sector privado son conscientes de la necesidad de desarrollar sectores económicos de más alto valor añadido. La innovación, especialmente tecnológica, es una prioridad para el país, materializada en la construcción de una serie de zonas de desarrollo tecnológico.

En los últimos ocho años, se han construido 12 nuevos parques científicos en Rusia, en los que se han instalado 775 startups. Algunos ejemplos son Akademgorodok –en Siberia-, el Titanium Valley de Sverdlovsk, Zelenograd o Skolkovo.

El más importante de ellos es Skolkovo, un megacomplejo a 30 kilómetros de Moscú para reunir a instituciones educativas y empresas de ciencia y tecnología. Skolkovo, que empezó a construirse en 2010, se orienta a cinco sectores principales: tecnologías de la información, biomedicina, energía, aeroespacial y nuclear.

El objetivo del Centro de Innovación de Skolkovo es convertirse en una especie de Silicon Valley ruso, donde coexistan espacios para startups y empresas consolidadas, universidades e institutos tecnológicos y viviendas y equipamientos para los empresarios e investigadores.

Vasily Sizov, manager general del proyecto, confía en que en dos años ya haya startups instaladas en Skólkovo, aunque se trata de un proyecto a largo plazo. La previsión de sus responsables es que la ciudad y el ecosistema estén completamente listos dentro de 20 años. De momento, el Skolkovo IT Cluster ya tiene vinculadas casi 1.300 startups y cuenta con socios internacionales del calibre de Nokia, Siemens, SAP, Microsoft, Boeing, Honeywell, EMC, General Electric, Intel, Cisco, Dow Chemical, IBM, Janssen, Johnson & Johnson, Samsung, Schneider, Ericsson, Alstom y EADS.

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Panorama del emprendimiento

Tras el final del régimen socialista en 1991, surgió una primera generación de emprendedores rusos, caracterizados por sus estrechos vínculos con el poder, que provenían de la época de apertura económica propugnada por Mijail Gorbachov. La privatización de bienes y empresas estatales hizo ricos a numerosos nuevos empresarios rusos, aunque la definición de emprendedor, como la entendemos hoy en día, no les sea aplicable.

En la década siguiente, sí empezaron a aparecer empresarios que, empezando desde cero en los 90, crearon compañías que en la actualidad están valoradas en miles de millones de dólares. Es el caso de Serguei Galitskin o Andrei Rogachev, que sirven como modelo a los nuevos emprendedores rusos.

Desde el punto de vista del entorno político y jurídico, Rusia es un país proteccionista, lo que dificulta la interacción de los emprendedores con el extranjero. Una situación agravada por la creciente tensión entre Rusia y EEUU y la Unión Europea a raíz de la guerra de Ucrania.

Sin embargo, de cara al interior, se observa un avance en indicadores clave como el tiempo que el nuevo empresario tarda en arrancar un negocio o la cantidad de horas dedicadas a tareas administrativas y fiscales. Por ejemplo, según datos del Banco Mundial, el tiempo necesario para iniciar un negocio ha pasado de 29 días en 2011 a sólo 11 en 2014.

Asimismo, la Federación Rusa dispone de tres grandes instituciones de desarrollo, que participan en la inversión de fondos estatales para el fomento del emprendimiento. Se trata de Russian Venture Company (RVC), Russian Corporation of Nanotechnologies (Rusnano) y la Fundación Skólkovo, ya mencionada.

El primero trabaja en el desarrollo de la financiación de capital riesgo, con inversiones en una docena de fondos formados junto a inversores privados por un valor total de 850 millones de dólares, invertidos en 139 empresas innovadoras. Rusnano, creada en 2007 ha invertido más de 4.000 millones en un centenar de empresas.

Merced a estos apoyos público-privados y a la mejora del marco jurídico-administrativo, se está viendo que la comunidad emprendedora de Rusia muestra más energía, creando nuevas asociaciones y desarrollando una mayor actividad en organizaciones regionales.

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Ecosistema de startups

Tradicionalmente, los sectores económicos clave en Rusia han sido la energía y la industria. Las nuevas tecnologías han tenido un peso pequeño, aunque creciente, cuyo desarrollo ha corrido paralelo al boom tecnológico mundial de las últimas tres décadas. El panorama tecnológico ruso tiene como referentes a la firma de ciberseguridad Kaspersky Labs, con sede en Moscú, y al gigante de Internet Yandex, que ofrece servicios como buscador, almacenamiento en la nube, correo electrónico o pagos móviles.

Los tres sectores donde más startups rusas han surgido en los últimos años son: tecnologías de la información (incluyendo Internet y móvil), biotecnología y medicina, y materiales y equipamiento de alta tecnología.

Las startups rusas más veteranas, como la educativa BeSmart.net y la inmobiliaria Hipflat, ya se han expandido internacionalmente por Europa, Asia y EEUU, siguiendo el ejemplo de la red social VK o el servicio de pagos electrónicos RBK Money. Otras nuevas empresas tecnológicas consolidadas son el agregador de servicios de entrega de alimentos Delivery Club, la plataforma de venta de entradas para eventos Ticketland y la guía de viajes online Travel.ru.

Entre las startups rusas que están despuntando encontramos a LiveMap, creadora de un casco de moto inteligente, o Coub, una plataforma de vídeos virales que cuenta con más de 50 millones de visitas mensuales y que ya ha dado el salto a Japón y Estados Unidos.

El ultimo ranking de las 50 startups rusas más interesantes elaborado por Russian Startup Rating destacaba a Brain Target, una startup que visualiza los tumores cerebrales y supervisa su evolución; la consultora en línea LiveTex; el servicio para la automatización de las pequeñas empresas FreshOffice; GeoCV, una aplicación que crea modelos 3D de edificios, y Piligrim XXI, que trabaja en tecnologías de realidad aumentada.

Este interesante ecosistema de startups se complementa con fondos de capital riesgo privados como Almaz Capital, AddVenture o Runa Capital, además de las ayudas estatales citadas. Sin embargo, la inversión en startups dista mucho de alcanzar el nivel necesario.

Según Jean François Balducchi, presidente de IASP, el principal desafío de Rusia es la creación de un entorno que fomente el desarrollo de startups. Edward Crawley, presidente del Instituto Skolkovo de Ciencia y Tecnología, sostiene que “para fortalecer este desarrollo, tenemos que educar y facilitar la vida a los emprendedores, proporcionar mejores contactos entre la industria y la ciencia, y desarrollar fuentes de capital riesgo que tengan un horizonte de retorno más largo”.

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Oportunidades para inversores españoles

Teniendo en cuenta el impulso ya citado que están tomando el emprendimiento y la innovación en el país, podemos hablar de Rusia como un mercado interesante para las empresas e inversores españoles. No obstante, las barreras idiomática y cultural, y el proteccionismo en algunos sectores hacen necesario conocer bien el mercado ruso antes de implantarse allí.

La inversión en Rusia está, además, más orientada a la ganancia de cuota de mercado que a la deslocalización productiva, lo que hace aún más importante adaptarse a las características del país.

Según el ICEX, los sectores más interesantes para la inversión en Rusia son los de energía, bienes de consumo, agroalimentario, maquinaria e infraestructuras de transporte, sobre todo ferrocarril. Ámbitos, como vemos, en los que se precisa de un importante capital y, en muchos casos, de contactos de alto nivel con empresas e instituciones públicas locales.

Así, entre las 103 compañías españolas con actividad en la Federación Rusa a día de hoy, sólo seis están relacionadas con la tecnología: la biotecnológica Biosystems; BC Techs, Fermax y Televés –especializadas en equipos digitales de telecomunicaciones-; Mondragón Corporación –dedicada a a la tecnología industrial- e Indra. De ellas, sólo BC Techs es una empresa tecnológica de reciente creación.

El Estado ruso concede a los inversores extranjeros la misma protección y derechos que a los nacionales. Está prevista, además, la creación de una serie de Zonas Económicas Especiales (ZEE), en las que las empresas instaladas disfruten de ventajas fiscales y facilidades administrativas. Las ZEE tecnológicas previstas hasta el momento son las de San Petersburgo, Tomsk, Dubna y Zelonograd.

En cuanto a la promoción de la ciencia y la innovación, es una de las prioridades de la política gubernamental. En este sentido, se han adoptado medidas para facilitar la incorporación de especialistas extranjeros a empresas ubicadas en Rusia. Respecto a la propiedad intelectual e industrial, se están desarrollando distintas acciones de protección y explotación de los derechos de propiedad intelectual en Internet.

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