La venture entre Sony y Olympus, retrasada por los reguladores chinos

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Las tensiones territoriales entre China y Japón han derivado en zancadillas económicas entre ambos países.

En septiembre Sony anunciaba una inversión de 645 millones de dólares en su compatriota Olympus, firmando un acuerdo tanto de negocios como capital y salvando a la compañía tras el escándalo de su contabilidad falseada. Entonces ambas empresas comunicaban la creación de una venture conjunta para desarrollar, fabricar y vender nuevos endoscopios y otros dispositivos médicos, que se daría en dos tramos, con la compra de un paquete de 13,1 millones de acciones de Olympus en octubre y 21,3 millones en febrero.

En principio, Sony y Olympus habían planificado el lanzamiento de la venture para hoy, 1 de abril, suponiendo que las autoridades les habrían dado luz verde para el acuerdo. Sin embargo, la alianza no ha recibido el beneplácito de todas las partes.

“El examen por parte de una autoridad relevante está tomando más tiempo del esperado, pero entendemos que el proceso de validación se encuentra actualmente en su fase final”, asegura un portavoz de Olympus.

Ambos fabricantes se han negado a dar detalles específicos sobre el retraso del pacto, sin embargo, fuentes cercanas a las negociaciones han informado a AFP de que la causa de la demora estaría relacionada con los reguladores chinos.

El retraso es una de las consecuencias de las tensiones territoriales entre China y Japón. Mandarines y nipones están enfrascados desde hace meses en una disputa por la posesión de una cadena de islas en el mar oriental de China (Diaoyu o Senkaku), tras la adquisición de Japón de varias islas que estaban en manos privadas. Aunque el archipiélago estaría prácticamente deshabitado, tendría un interés clave por su pesca y porque podría albergar importantes yacimientos de hidrocarburos.

Este conflicto se está trasladando a todos los campos, pasando por la política, la sociedad y la economía. Así, el Gobierno chino ha instado a los ciudadanos a hacer manifestaciones antijaponesas y las inversiones japonesas en China habrían disminuido.

El problema estaría afectando a los acuerdos comerciales de empresas niponas de otros ámbitos, no solo del tecnológico, como una forma de presión por parte de China.

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