Científico declara la cerveza como el origen de la civilización y la tecnología mientras el mundo se va de tapas

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paquito-cerveza.jpgCharlie Bamforth, un científico británico profesor de la ciencia de la producción cervecera por la Universidad de California, ha declarado que sin cerveza no tendríamos ni ordenadores, ni iPod, ni Silicon Valley, ni programa espacial. Vamos, el Charly es lo que se llama un «cráneo previlegiado», que diría Valle-Inclán.

Según él, la teoría es que la cerveza aglutinó la civilización e hizo que la gente tuviera ideas felices. ¿Cómo funciona esto? Pues esta es la historia.

Hombre que tiene cabras malolientes vive una existencia peripatética siguiendo a sus bichos de majada en majada. El hombre descubre la cebada. “Hmmmm, mi señora me puede hacer un bocata con pan de cebada y cabra”, piensa. Seis meses de bocatas de cabra pasan. El hombre se aburre. Ve un libro en Amazon.com que se llama Grandes Cosas Que Hacer Con La Cebada y lo pide.

Dos días más tarde en la cabaña, exclama: “¡Fermentación!” (que luego derivaría en “¡Eureka!” cuando Arquímedes se metió en una bañera llena del dorado líquido). Sigue después del «Continued…»

El hombre se estudia el capítulo de la cerveza y descubre que tiene que tendrá que esperar seis meses hasta que la cebada fermente. “No importa”, se dice, “tendré que conformarme con tomarme las bocatas de cabra a palo seco durante un tiempo”. Mientras la poción mágica está fermentándose en los pellejos de las cabras (un material reciclado compatible con el medio-ambiente) decide que va a poner un bar en la tienda (también de pellejo de cabra) que su señora le hizo en sus ratos libres, cuando no estaba atendiendo todas su necesidades.

Poco después llega otro hombre, un poco más gordo que el primero (cuando terminó de comerse a sus cabras, se comió también a su mujer):

— ¡Tronco! ¿Qué pasa, Paco? — dijo el segundo hombre. ¿Te importa que me quede por aquí un rato?
— Total. Tú tranqui, tron — respondió Paco, mirando los pellejos llenos de cerveza hasta arriba.
— Vale.. oye, ¿y eso qué es? — dijo el segundo
— ¿Ves esto? — preguntó Paco señalando a su libro de Grandes Cosas Que Hacer Con La Cebada. Esto dice que se puede hacer cerveza con cebada y con la cerveza podemos tirarnos todo el día en el bar mientras mi mujer nos hace bocatas de cabra.
— No jodas — exclamó el segundo hombre. Pues eso tengo que verlo, así que me quedo.
— Y tanto, pero esto hay que hacerlo con los colegas. Deja que coja mi iPhone y le mande un SMS a mis amigos para que vengan a tomarse unas birras aquí fácilmente, gracias a Google Maps.

Así que en un plis plas se juntaron en el bar de pellejo de cabra unos cuantos, dándole al levantamiento de antebrazo y los chicharrones fritos, pimpampimpampimpam, mientras sus mujeres les hacían bocatas de cabra.

En unos cuantos años, se monta un pueblo, aparecen más bares y todo gracias al dorado néctar. Así que no pasan muchos más años antes de las tiendas de pellejo de cabra se transformen en cabañas de palo, luego llega la rueda, los chalets adosados, las universidades, los camiones de bomberos, El Corte Inglés, los periódicos, los tendederos para ropa plegables, el porno, las chupas de cuero, Charlton Heston, Debbie Harry, el Canal de Panamá, el cine en casa y el iPod.

Y todo, gracias a la cerveza y a un tío que pidió un libro en Amazon. Alabado sea. — Ad Dugdale

Beer was responsible for Technology [The Inquirer]

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