iPod Hi-Fi en casa [veredicto: fantabuloso]

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designtopdefault20060228.jpg¡Ah, pequeños saltamontes! ¡Qué bonita es la vida! O algo. Mientras escribo estas líneas utilizando wi-fi robada estoy sentado en el salón de mi nueva casa en los madriles, mirando el jardín y un paisaje nocturno de lo más Gotham, repanchingado en el sofá. De fondo, “Home” (no es coña) de Zero 7 sonando desde mi iPod vídeo de 60 Gbytes y un iPod Hi-Fi a medio gas. Lleva todo el día dale que te pego con todo tipo de música y volúmenes: del jazz de Ella Fitzgerald y Duke Ellington al funk de Funkadelic, un poco de Johnny Cash, algo de bossanova con Getz y Gilberto, una selección de clásica de Bach y el viejo Ludwig, Led Zeppelin a toda caña, Rolling Stones repartiendo leña rockera (de rigor), una pizca de Snoop Doggy Dog y 213, y ahora mismo, Jamiroquai dándole al neo-disco funky. Para que os hagáis una idea, el salón es bastante grande, de unos 50 metros cuadrados, y el iPod Hi-Fi lo llena con excelente sonido con cualquier cosa que le tire.

Físicamente, el acabado es de gran calidad. El equipo pesa mucho y se nota que la calidad de la construcción es muy buena. Debajo tiene un gran soporte de goma liso muy grueso, que ocupa casi toda la superficie y hace que tenga un soporte firme y se agarre a cualquier parte.

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Obviamente, el iPod Hi-Fi no admite la comparación con algo más avanzado (y tan sencillo) como mi humilde amplificador Denon y sus cuatro altavoces Piccolo más unidad de bajos, todos en madera, de Chario. Sobre todo a lo que efecto estéreo o envolvente se refiere. Sin embargo, la realidad es que el sonido del iPod Hi-Fi es fantástico, claro y nítido, incluso cuando lo pones al máximo: a todo volumen no hay distorsión (exceptuando canciones realmente cañeras). Y cuando digo a todo volumen, me refiero a sus 108 decibelios taladrándome los oídos. Sin duda, la conveniencia de poder conectar el iPod directamente sin tener que encender el amplificador y seleccionar la fuente de sonido (como hago hasta ahora), es suficiente para que lo vaya a utilizar para escuchar música en la mayoría de las ocasiones, reservando mi equipo normal para ver películas con el proyector o discos de audio DTS.

Y no, antes de que digáis nada, claramente no sustituye a un equipo para snobs fanáticos del sonido audiofilos empedernidos, ni siquiera a algo de andar por casa como lo que yo me gasto. Dicho esto, pero es un buen equipo de música y puede sustituir a cualquier mini-cadena musical de precio similar o superior (y lo dicho, la mía para uso diario). Al menos, en opinión de mis orejas de corcho, que creen que es perfecto para cualquier persona que tenga un iPod y quiera un equipo de música de buena calidad y gran potencia, todo en uno, sin cables de ningún tipo y completamente integrado con el reproductor de música de Apple, al que le crece un menú especial desde donde puedes ajustar varios valores, como que aparezca la carátula del disco que esté sonando en todo momento, o que la pantalla se apague (o no) cuando esté funcionando. Y hablando de la integración, tampoco hace falta que tengas un iPod porque he podido ver que funciona con cualquier otro reproductor de música portátil o de sobremesa, incluyendo equipos con salida óptica, ya que en la parte trasera tiene puertos de entrada analógicos y S/PDIF. Buen toque.

En definitiva, lo bueno: un paquete compacto con gran calidad de audio y potencia para aburrir, sin distorsión a no ser que le metas a AC/DC desvariando. Lo malo: que el efecto estéreo no es el mismo que un equipo con altavoces independientes. El toque: la integración con el iPod, la posibilidad de que se conecte a cualquier cosa y que a mí, personalmente, me encanta el diseño tipo años 70.

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