¿Es el momento de despedir a tu mentor?

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Hay mentores que en vez de ayudar a las startups les hacen daño. Saber reconocerlos y despedirlos a tiempo es clave para salir adelante.

Un buen mentor puede ser clave en el desarrollo de una startup, ayudando a los fundadores a tomar las decisiones adecuadas y aconsejándoles en todo momento. ¿Qué hacer? ¿Qué no hacer? La decisión final será siempre la del fundador, pero nunca está de más tener el input de alguien con experiencia en el sector, que sabe cómo funciona el mercado y que ha visto a startups con todo tipo de resultados. Es muy normal que la relación con los mentores llegue a ser bastante personal, por lo que no se suele cortar la relación con ellos. Es difícil y no se ve necesario. No obsante, a veces por la razón que sea, el mentor hace más daño que favores a la startup. ¿Es el momento de despedirlo?

1. Falta a reuniones. Si el mentor de una startup no muestra el suficiente interés, faltando a reuniones a las que debería asistir o posponiéndolas de forma casi perpetua, hay algo que no marcha. Puede que sea algo puntual, porque realmente no puede, pero si se convierte en algo habitual, mejor buscarse a otro mentor. Está claro que al que tienes ahora no le interesa lo suficiente el proyecto.

2. Duda más que tú. Es cierto que al final las decisiones las tiene que tomar el fundador o la directiva de la startup, pero los mentores deberían ayudar. Si sus consejos están faltos de seguridad, si da la sensación que tiene muchas más dudas y no parece que realmente conozca el sector, no es demasiado práctico. Haz la prueba: ¿tienes las cosas algo más claras después de ver a tu mentor o sales de la reunión igual que entraste? Si se da la última situación, ya sabes qué hacer.

3. No te presenta a nadie. No es lo más importante, pero una de las ventajas que tiene tener un mentor es que normalmente son gente que se mueve bien en el sector y que con sus años de experiencia ha ido juntando a un buen grupo de contactos. Lo normal sería que te indicase o presentase a aquellas personas que ven que te pueden ayudar. ¿Crees que se está guardando a sus contactos o que directamente no los tiene? Si además sus consejos no son especialmente valiosos, cambia.

4. No ofrece novedades. Durante los primeros meses, cada vez que quedabas con tu mentor tenías la sensación de aprender. Sus preguntas, sus consejos, sus ideas siempre te inspiraban. Si ahora que ha pasado un tiempo, ves que no hace más que repetir cosas que ya te ha dicho y que por lo tanto ya sabes, plantéate dejarlo marchar.

5. Te desanima. No es que tenga que aplaudir cada cosa que hagas. Los mentores pueden y deben ser duros con sus “pupilos”, pero eso no significa tener que desmontar siempre todo lo que hagan. Si tu mentor, casi por defecto, se dedica a la crítica destructiva, sin aportar alternativas y básicamente diciendo que tu startup nunca llegará a nada, intenta buscar a otro. Es muy probable que el problema esté más en él que en la startup.

6. No reconoce tus progresos. Ya no eres un niño, eres un adulto que puede aceptar críticas, que las entiende como algo bueno que te ayudará a mejorar. Pero para eso es necesario saber también que no lo estás haciendo todo mal: un buen mentor no solo te indicará los pasos en los que te has equivocado, sino que sabrá reconocer las buenas decisiones. Ese refuerzo positivo es básico para mantener el ánimo de cualquier startup.

7. Tenéis visiones opuestas. El problema puede ser de base. En ese caso, lo mejor es que ambos lo reconozcáis cuanto antes y separéis vuestros caminos: el mentor no cree en tu proyecto, no comparte esa visión que tenéis tú y tu equipo. Podría ser que efectivamente estés equivocado, pero también podría tratarse de un simple problema de perspectivas, de ver el mundo de forma muy diferente. Esto puede ser muy enriquecedor, pero también letal. Si no lo despides, busca también a otro mentor que ofrezca más confianza y una visión más compartida.

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