Los mejores momentos de la biografía de Steve Jobs

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Ya se encuentra en las librerías “Steve Jobs”, relato de la vida del recientemente fallecido cofundador de Apple fruto de diversas entrevistas realizadas por Walter Isaacson tanto con el difunto Jobs como con numerosas personas de su entorno: familiares, amigos, competidores, compañeros de trabajo…

Son 656 páginas repletas de curiosidades sobre una vida apasionante, un recorrido por los avatares de un joven que comenzó desde el garaje de sus padres adoptivos con la ilusión de que todo el mundo pudiera tener un ordenador en casa y que terminó llenando los bolsillos de medio mundo de chismes con una manzanica mordía. A continuación te ofrecemos un repaso de algunos de los capítulos más interesantes de la biografía del carismático Jobs.

Laurene Powell, la ahora viuda de Steve Jobs, animó al autor a que fuese honesto reflejando los fallos y errores del protagonista del libro.

La madre biológica de Jobs lo entregó en adopción con la condición de que los padres adoptivos tuviesen titulación universitaria. Los primeros candidatos rechazaron al pequeño Steve porque querían una niña. Finalmente terminó en casa de Paul y Clara Jobs, él era mecánico que no había finalizado sus estudios y ella una bibliotecaria. Al conocer esto, la madre biológica rechazó firmar los papeles de la adopción hasta que los padres adoptantes se comprometieron a establecer un fondo para financiar los futuros estudios universitarios del bebé.

Siendo niño su padre llevó a Steve a visitar la NASA. Fue la primera vez que vio un ordenador y quedó “totalmente enamorado de aquella máquina”. La adolescencia del joven Steve fue problemática, se metía en constantes problemas, incluyendo colocar pequeños explosivos en la silla de su profesora, porque no encontraba que los estudios constituyesen un reto y se aburría mortalmente.

En el instituto conoció a Steve Wozniak, cinco años mayor, con quien años más tarde fundaría Apple. Congeniaron al instante por su amor a la tecnología y su pasión por las bromas. Según Jobs “yo era algo más maduro para mi edad y él algo más inmaduro para la suya”.

Jobs y Wozniak montaron juntos una “Caja Azul” que les permitía realizar de manera gratuita llamadas telefónicas a larga distancia. No se les ocurrió mejor idea que llamar al Vaticano con Woz haciéndose pasar por Henry Kissinger mostrándose interesado en conversar con el Papa. No lo lograron.

A pesar de que era una universidad más cara de lo que podían permitirse sus padres Jobs insistió en matricularse en el Reed College de Portland (Oregon). Cuando le llevaron al centro insistió en que no se despidieran de él, ni siquiera les permitió acercarse al campus. Según sus propias palabras “ir a la universidad era algo que quería hacer solo, por mi mismo, no quería que nadie supiera que tenía padres, quería sentirme como un huérfano“.

Tras abandonar la universidad comenzó a trabajar en Atari en un puesto de baja remuneración. El ingeniero jefe había “visto algo en él”. Jobs pensaba que una dieta rica en fruta y verdura evitaría el olor corporal. Una teoría que se comprobó errónea cuando los compañeros de trabajo se quejaron. El jefe le pidió a Jobs que trabajase en el turno de noche, donde se encontraría solo en la oficina.

Abandonó Atari para viajar durante 7 meses a la India en una búsqueda espiritual, tratando de encontrarse a sí mismo. Lo que encontró fue una hermosa disentería. Allí dejó también que un hombre sagrado le afitase su larga melena. No logró encontrar la paz interior pero su aspecto cambió tanto que cuando sus padres fueron a recogerlo al aeropuerto no le reconocieron.

De vuelta a Atari trabajó con Wozniak en una versión primitiva del juego “Breakout“. Jobs ocultó a Woz que la compañía les pagaría un bonus si lograban programarlo para que funcionase con menos de 50 componentes de procesador. Woz consiguió que bastasen 45, pero Jobs se quedó todo el bono, algo que descubrió muchos años más tarde.

Cuando estaban construyendo su primer ordenador y llegó el momento de bautizar la compañía. Consideraron nombres como Matrix, Executek y Personal Computers Inc. hasta que Jobs, que seguía con sus dietas de frutas y verduras y en ese momento estaba comiendo una manzana, propuso que el nombre fuese Apple. “Sonaba divertido, espiritual y poco intimidatorio… y además estaríamos por delante de Atari en el listín telefónico“.

El 1 de abril de 1976 Jobs, Wozniak y un antiguo ingeniero de Atari, Ron Wayne, fundaban Apple y comenzaban a ensamblar ordenadores en el garaje de la casa paterna de Jobs. Wayne tardó 11 días en pensar que aquello no tenía futuro y de deshizo de su 10% en la empresa. Hoy tendría casi 2.000 millones de euros en acciones.

Jobs decidió que el logo sería la célebre silueta de la manzanica mordía porque sin ese bocado parecía una cereza. Cuando llegó el momento de asignar identificaciones de empleados, el primer director de Apple, Mike Scott, otorgó a Wozniak el número 1 y a Jobs el número 2. Este montó en cólera y pidió ser el número 1, pero Woz se negó, así que tuvieron que alcanzar un curioso compromiso: Steve Jobs era el empleado número 0 (cero) de Apple.

En los primeros años el propio Jobs supervisaba el proceso de selección de personal y mostraba su predilección por los candidatos brillantes pero con un punto de rebeldía. Le gustaba tomarles el pelo preguntándoles “¿eres virgen? ¿cuántas veces has tomado LSD?”. Un cachondo.

Cuando desvelaron el primer Macintosh en 1984 un periodista preguntó a Jobs acerca del estudio de mercado previo que habían realizado. La respuesta fue “¿Acaso hizo un estudio de mercado Alexander Graham Bell antes de inventar el teléfono?“.

En cierta ocasión un policía le detuvo por circular a 160 km/h por una zona limitada a 90. Mientras el policía le multaba le advertía que si reincidía iría a prisión. Jobs le dijo que se diese prisa en rellenar la multa y en cuanto se la entregó salió corriendo… a 160 km/h. Su pareja en aquella época manifiesta en el libro de Isaacson “Jobs pensaba que las reglas no estaban hechas para él”.

En 1985 visitó Moscú para la presentación del Apple II. En la embajada USA le recordaron que había leyes contra los que compartiesen tecnología informática con la Unión Soviética. Sus escoltas del KGB, cuando le oyeron que comenzaría su discurso con una alabanza a Leon Trostki, le recordaron que la figura del conocido ideólogo no era ya bien vista en la U.R.S.S. Cuando Jobs comenzó su conferencia ante unos estudiantes de informática rusos comenzó su discurso con una alabanza a Trostki.

Uno de los primeros en financiar la NeXT, compañía que fundó tras salir de Apple, fue el millonario texano y posteriormente candidato a la presidencia USA Ross Perot, que le llamó inmediatamente tras verle en la cadena pública de televisióne estadounidense PBS. Aportó 20 millones de dólares.

La relación con Bill Gates no fue fácil, en parte porque ambos eran genéticamente incapaces de mostrar deferencia alguna el uno por el otro. En cierta ocasión Gates visitó el cuartel de NeXT en Palo Alto y Jobs le tuvo media hora esperando a pesar de que a través de un cristal el de Microsoft podía ver perfectamente que Jobs estaba manteniendo conversaciones informales.

La compra de Pixar fue un mero accesorio para Jobs, que en un principio tan sólo pretendía mostrar mediante su trabajo las posibilidades de que eran capaces sus ordenadores. Compró la compañía a Lucas por 5 millones de dólares en 1985.

Durante algún tiempo a principio de los 80, Jobs (por entonces tenía 27 años) mantuvo un romance con la cantante Joan Baez (por entonces contaba con 41 años). Baez cuenta en el libro que Jobs “era romántico y al mismo tiempo tenía miedo de serlo“.

Por esa época también a través de unos detectives Jobs consiguó localizar a su madre biológica, pero no mantuvo contacto con ella hasta después de que en 1986 muriese su madre adoptiva, Clara. Por el contrario no tenía el más mínimo interés en contactar con su padre biológico, al que consideraba responsable de haber abandonado a su madre, a él mismo y a su hermana. Lo curioso es que sin saberlo había conocido a su padre. Se trataba de Abdulfattah Jandali, quien regentabaven Silicon Valley un restaurante sirio que Jobs había frecuentado en alguna ocasión.

El iPod Mini estuvo a punto de desaparecer porque Jobs no entendía cómo podía venderse por el mismo precio un dispositivo más pequeño y con menos capacidad que el iPod normal. La causa de la incomprensión de ese éxito estribaba en que Jobs no practicaba deportes. Mientras se desarrollaba el iPod Shuffle los ingenieros reducían constántemente el tamaño de la pantalla siguiendo los requerimientos de su jefe para que el tamaño del dispositivo fuese menor, hasta que llegó el momento en que se decidió librarse de la pantalla.

Jony Ive, diseñador del iMac translucido, fue un día a casa de Jobs para comentar el diseño del nuevo ordenador, que quería que tuviera los componentes integrados en la misma pantalla plana, aunque Jobs no estaba muy por la labor. A la vista de los girasoles que había en el campo se le encendió la bombillica y de ahí salió el famoso iMacG G4 (lamparita). Posteriormente, cuando la miniaturización de los componentes lo permitió, el diseño que originalmente pensó Ives se llevó a la práctica, continuando hasta la actualidad.

En el desarrollo del teléfono móvil de Apple se mantenían al mismo tiempo dos equipos que trabajaban en prototipos diferentes. Uno de ellos se centraba en un dispositivo que tomaba como base el iPod con su célebre rueda de control. El otro equipo trabajaba en un dispositivo con toda la pantalla táctil, que terminaría siendo el iPhone que todos conocemos, aunque en algún momento llegó a tener teclado físico.

En 2009, mientras Steve Jobs estaba en el hospital para un trasplante de hígado, se negó a colocarse una mascarilla porque no le gustaba el diseño de la misma. Casi incapaz de hablar, logró convencer a los médicos de que le mostrasen cinco modelos distintos hasta que seleccionó una de su agrado. Geni y figura. ─[CNN / Imagen: GettyImages]

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