Robots boxeadores que se parten la cara contigo dentro bien protegido

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Eso de pelearse está muy feo y además puede acabar mal.

Incluso si ganas puede que te lleves un par de yoyas por parte de tu oponente y tu perfil griego se quedaría en una pinta barriobajera con la nariz achatada, casi podrían confundirte con una tertuliana televisiva vespertina y no es plan.

Por eso casi mejor meterse dentro de este híbrido de robot, boxeador, coche de choque y jaula y comenzar a soltar mandobles sobre tu oponente desde la seguridad de estar entre rejas. Para eso está el progreso, para que los robots (en este caso, robots boxeadores) hagan el trabajo sucio por nosotros.

No estamos hablando de ningún juguete.

Dentro de ese armazón enjaulado cabe perfectamente un ser humano de tamaño estándar dispuesto a partirse la cara (de hierro) con otro similar.

Con un peso de unos 500 kilos y una altura de casi 2 metros un ocupante de hasta 150 kilos de peso puede colocarse en el interior de la jaula y mediante una serie de palancas y botones controlar los movimientos de los brazos neumáticos del robot boxeador. Si el golpe atina a dar en la cabeza robotizada del oponente con la fuerza suficiente se anota un punto a su favor.

Un sistema de motores de Honda mueve las ruedas ocultas en la base de los robots boxeadores permitiéndoles desplazamientos de hasta 5 km/h, suficiente para bailar alrededor de tu oponente mientras canturreas, cual Mohammed Ali, aquello de “vuela como una mariposa, pica como una abeja, ¡pelea, chico, pelea!”. También te puedes sentir como la teniente Ripley enfrentándose contra la reina Alien.

Los contrincantes mecánicos (¿brutos mecánicos?) tienen baterías recargables de 12 voltios que proporcionan hasta 5 horas de diversión robopugilística mientras sudas y gritas y golpeas embutido en aluminio, fibra de vidrio, acero y tu propia testosterona. ─[Hammacher Schlemmer]

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