Floppy-disks: ese arma de defensa personal

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Cuánto peligro tenían los ochenta.

Bueno, y siguen teniendo, porque a veces la moda nos trae cada modelito inspirado en aquella época que para qué las prisas. Pero si nos atenemos a las películas más exitosas (“Viernes 13”, “Rambo”, “Terminator”, “Las aventuras de Enrique y Ana”) parece que aquellos años ponían en peligro la integridad física de cualquier inocente damisela que caminase por parajes solitarios al anochecer o se quedase por la tarde en una solitaria oficina a hacer horas extras.

Para la oficinista con intenciones de conservar la integridad física algunos manuales recomendaban el uso de objetos cotidianos que en manos expertas pudiesen convertirse en mortíferas armas, como los disquettes de ordenador. Ríete tú de las estrellas ninja. ¿Deseas saber más?

Antes de que empecéis a reiros ante lo ridículo de la idea, paraos a buscar alrededor vuestro, en medio de la oficina, posibles armas mortales.

Bueno, sí, la grapadora, ese clásico arrojadizo, pero con la tecnificación del espacio de trabajo se han perdido multitud de elementos ofensivos y/o defensivos. No me vayas a comparar un tecladucho de plástico frente a la contundencia del carro de una máquina de escribir. Igualmente la cafetera eléctrica de plástico solo podría hacer huir a un presunto agresor con la amenaza de mancharle la ropa, cuando las antiguas cafeteras de acero inoxidable y estructura angulosa eran viejas conocidas en las salas de urgencias de hace unas décadas.

Y en cuanto a las técnicas que este libro de venta en Amazon recoge en sus vetustas páginas, el uso que propone de los floppy-disk que antaño pululaban por las oficinas da mucho más miedito al posible agresor que si hoy día tratases de repeler una agradión armado con… un pendrive USB… “cuidao que estoy mu loco y te puedo contagiar un virus de gusano que se caga la perra”. ─Antonio Rentero [Amazon]

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